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23.12.08

Fin del 2008


Algunas cosas que descubrí y me encantaron del 2008: Doveman, +/-, Copi, Lucrecia Martel, Flann O'Brien, King Kang and the Shrines, Claudio Bertoni, LadyHawke, Raúl Gomez Jattin, Beach House, Islands, G-Star Raw, Curb your Entusiasm, Gonzalo Martínez y sus Congas Pensantes, Washington Cucurto, Ice Haven, Poni Hoax, Tequila Don Julio, Dubstep, Megaupload y descargas directas, Kymko Agility City 125, Extras, Heroes, El eternauta, Diego Maquieira y un largo etcétera que ha hecho de este año uno de los mejores de mi vida. Espero que el siguiente calendario traiga tantas buenas sorpresas y placeres. ¡Feliz año!

4.12.08

Todo queda en familia


Desde la multipremiada La ciénaga (2001), su primer largo, Lucrecia Martel deslumbró con un estilo cuajado y en que ya estaba presente mucho de lo que descubriríamos como su mundo personal: historias elípticas, tensas pero vaporosas, encubiertas bajo el tejido muchas veces verborreico de las relaciones familiares. Y hablamos de familias grandes, de las que no se ven ahora, al menos en las ciudades, por lo que sus filmes transcurren en innombradas provincias argentinas, posiblemente Salta, donde nació la directora. Con una cámara desobediente, que huye del encuadre clásico, centrando esquinas y dejando significativos fuera de campo, Martel capta la cotidianeidad a punto de estallar de sus personajes: niños corriendo por doquier, adolescentes jugando de manera casi lasciva, camas donde todos conversan, piscinas como restos de otros esplendores y adultos confundidos que sin saber cómo logran contener el caos. En fin, un remolino centrífugo de relaciones familiares atizadas por la locura, que otros como Kusturica convierten en un carnaval, pero en cambio Martel registra con aplomo documental (género que también ha realizado), es decir sin dejarse llevar, huyendo del clímax con la distancia y la templanza de un dentista frente a una caries, aunque lo que le interesa no es informar o revelar algo, sino justamente lo contrario: sugerir, esquivar, rondar el secreto dejando un camino de migas incompleto, sin develarlo.

En eso me recuerda mucho los relatos de Onetti: siempre el dato oculto, que un complejo y agobiante andamiaje formal apenas siluetea; siempre la inocencia y la decadencia coexistiendo en un ambiente emponzoñado. La diferencia es que mientras en Onetti todo se va a la mierda, Martel sabe mantener la tensión con aparentes trivialidades que apiladas demarcan un límite, una barrera que al espectador no le es permitido cruzar y así todo queda en familia.

En La mujer rubia el detonante es un accidente en la carretera. La protagonista (espléndida María Onetto) atropella algo y entra en shock. El posible asesinato la deja en un limbo del que sale a flote sólo gracias a la inercia de las relaciones sociales y familiares. Aquí también la familia es origen del mal (siempre hay un pariente loco o echado a perder) y refugio salvador. Pero a diferencia de sus anteriores filmes, donde domina un barullo de voces multi generacionales, aquí el ensimismamiento (que Onetto articula magistralmente) es lo más denso y expresivo del filme. Visualmente también se tiende al minimalismo (ambientes a lo Edward Hopper), pero lo que se ve y lo que se dice, aunque es menos, sigue siendo sólo la punta del iceberg de un argumento esquivo, que a su vez se alimenta de otras raíces, ocultas en historias de familia apenas sugeridas. Un mundo fascinante, abierto, vivo, oscuro, profundo y cotidiano, al que Martel nos invita siguiendo el camino de sus imágenes pero reservándose en muchas partes el derecho de admisión.


6.11.08

Delante y detrás de la música

No me puedo quejar. Antes que pase la resaca del Festival de Cine de Sitges, comienza el In-Edit Beefeater, dedicado al cine documental musical, y ese mismo fin de semana tocan Infadels y Ladytron. Del In-Edit me quedo con las pelis sobre Patti Smith, Surfin' Bichos, Brian Wilson y A Technicolor Dream, que reseñé para Maumau en una, dos y tres partes.

El concierto de Infadels fue una pasada, súper energico y bailable, desde los primeros acordes de Circus of the Mad, la canción que más quería escuchar, hasta un sorprendente cover de Sweet Dreams (Eurythmics). Buen sonido y mejor desempeño sobre el escenario, a pesar de que no debíamos llegar a los cincuenta los asistentes a esta cita dominguera.

A Ladytron fui con las advertencias de que éran un hermoso iceberg en vivo, lo que no me importaba mucho, ya que se trata de una excelente máquina de hacer canciones. Su buen oído para la melodía con gancho, su intraicionable sonido y la estética delicada, cool y oscura que han mantenido desde sus inicios, son signos de una banda más madura de lo que parece y que, hasta su cuarto y último disco, Velocifero, no ha hecho más que superarse. El pero no vendría de su gelidez escénica -incluso puedo dar fe de que bailaron un poquito-, si no del sonido opaco y descalabrado, impropio de la Sala Apolo; además de que bien merecían Barcelona y una sala casi llena el impresionante juego de luces que, según leí por ahí, traían consigo en este tour.

10.6.08

Disfruta el silencio


Obra maestra. El director argentino Esteban Sapir ha logrado, en su segundo largometraje, un perfecto cóctel donde se equilibran la originalidad con el homenaje, la tradición con el experimentalismo, la simbología con el drama, lo lúdico con lo político; en fin, un delicatessen de cinefilia que se apropia de la paleta expresionista para contar, con sensibilidad naif, una fábula distópica.

Imaginad pues el futurismo arcaico de Metropolis de Fritz Lang, montado con la osadía y oído musical de Walter Ruttmann en Berlín: Sinfonía de una ciudad y recubierto por una atmósfera noir extraída del corazón de los Estudios Hammer. Agregad cierta truculencia infantil a la Tim Burton y el virtuosismo de efectos especiales con estética analógica de Michel Gondry. Reducid al mínimo el elemento vocal de todo lo anterior y ya (casi) lo tenéis. El hombre que fue capaz de realizar y dar vida a tamaño prodigio de legados no ha surgido de una revista de crítica, como Godard, ni de un videoclub, como Tarantino, si no (¡oh sorpresa!) de la publicidad y de la fotografía cinematográfica.

De lo último da sobradas muestras el manejo del blanco y negro. Más allá de una simple transposición cromática a la escala de grises, aquí encontramos un diseño integral de la imagen. De mano con la dirección de arte, el director ha preferido pintar antes que sólo manejar las luces, opción que potencia la autonomía de su mundo retrofuturista.

Por otro lado, su trabajo en la realización publicitaria se deja entrever en el detalle y aprovechamiento semántico del que dota a cada plano. Sapir es muy conciente de la economía de su lenguaje y carga cada encuadre con buenas ideas, ya sea compositivas o de carácter tipográfico.

Y es que La antena no sólo es una clase maestra de fotografía y de narración con imágenes. Hay un elemento más que la hace una sustanciosa celebración del cine mudo. Baste decir que el argumento va sobre una ciudad donde la gente ha perdido la voz. Lo único que le queda son las palabras, y no me refiero a ellas sólo como comunicación escrita, si no como entes lingüísticos que se materializan sobre el ecran cual subtítulos diegéticos (estamos al fin y al cabo en una realidad de celuloide) y son el botín último que animará el conflicto de esta historia. Sapir aprovecha ese material para darnos una lección de grafismo y anima el texto con una expresividad potente, al punto que no es exagerado considerarlo un personaje más.

Es cierto que La antena carga con una amplia lista de referencias y deudas cinematográficas, pero creo que lejos de menoscabar su originalidad, ésa es su riqueza. Por eso es absurdo enfrentarla a sus modelos o restringir su público cautivo a chavales que aun no descubren El Gabinete del Dr. Caligari. ¿Qué si la antena capta más de lo que emite? Sospecho que no, pero el tiempo lo dirá.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

7.2.08

Bienvenidos a la Edad de Oro


4 meses, 3 semas y 2 días. Para comenzar, un título certero, que nos hace pensar en el irremediable y regulado paso del tiempo, con la tensión de una cuenta regresiva, y a la vez no dice de qué se trata. Esto puede sonar caprichoso, o fortuito, pero no nos engañemos; a pesar de la apariencia inmediata, directa, transparente, de esta película, ésta se mueve según un diseño narrativo muy bien fraguado, que deja poco al azar. Ya veremos que lo inexorable, urgente y sugerente no escaseará en el tenso metraje, primero de una serie titulada Relatos de la Edad de Oro.

Ampliamente galardonada, con la Palma de Oro de Cannes como punta de lanza, el segundo largometraje del rumano Cristian Mungiu confirma el talento que ya había sido reconocido en su anterior Occident (2001) y nos descubre una cinematografía emergente y a un cineasta aventajado. De cine rumano hemos oído hablar y visto poco aún, pero desde La muerte del Señor Lazarescu, de Cristi Puiu, también laureada en Cannes, esta ignorancia parece tener los días contados.

4 meses, 3 semanas y 2 días es una película abrasadora, viva, feroz, que no deja indiferentes, no solo por el tema humano y moral que implica, si no también por sus méritos artísticos, por la cantidad de connotaciones e ideas que suscita en su engañosa austeridad narrativa. Su riqueza esta en las varias paradojas o dualidades que dan forma a su estética.

Entre otras cosas, se trata de un drama que no derrama lágrimas, de un thriller criminal sin explosiones de sangre, de una película de mujeres libre de maquillaje melodramático o feminista, de una reconstrucción histórica con el contexto fuera de cuadro, de una historia de supervivencia sin cazadores ni tragedias, de un registro realista y casi documental con una fotografía y un guión que es una pieza de relojería, deudores ambos del mejor cine negro, de un relato tan lleno de elipsis, cortes de bisturí que extirpan el morbo sensacionalista, como de tiempos muertos que rebosan emoción. En conclusión, de una película que logra ser todo esto y más, sin contradecir su radical minimalismo.

La historia se desarrolla en un solo día, en el que Otilia (Anamaría Marinca) acompaña a su compañera de habitación Gabita (Laura Vasiliu) a abortar, práctica que en la Rumanía de 1987, gobernada por Nicolae Ceausescu, era un delito grave. En medio de una sociedad fría y dura, donde el infierno claramente son los otros, la ilegalidad de este acto lleva a los personajes a hundirse más allá de su clandestinidad cotidiana, allí donde el mal que campea bajo todo totalitarismo y prohibicionismo solo conoce víctimas y predadores, apremios y precios abusivos. En este caso es el aborto, pero también podría ser las drogas, la migración o la vivienda (eso aquí lo conocemos bien), y el acierto de Mungiu es tratarlo con ese nivel de abstracción, sin enmarañarse en el dramatismo intrínseco de ese acto y concentrándose más bien en la sordidez de su escenario.

Como contraste a esa oscuridad social y humana, la amistad de Otilia para con su aturdida amiga brilla con una luz casi mesiánica, heroica hasta un nivel de entrega límite. Pese a que puede tratarse de una de las grandes películas sobre la amistad, da la impresión que la protagonista no hace todo sólo por su amiga, si no por solidaridad (en un régimen que prohíbe el aborto y los anticonceptivos) hacia cualquier mujer. Es decir, hacia ella misma. Es generosidad pero también rebelión y supervivencia.

Gracias a su discurso objetivo, distante, económico y metódico, lejos del sermón o la sensiblería, Mungiu logra una ambigüedad rica y pura, consciente que al enmudecer se hace más revelador. Toda una clase maestra.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

5.9.07

Death Proof vs. Icaria


Qué buena suerte el haber escogido, entre lás únicas dos salas de Barcelona que pasan Death Proof en V.O., una de las peores de toda la ciudad. Primero, porque una película de Tarantino doblada no es ni media película de Tarantino; y segundo, porque una sala con tan mala fama como el Yelmo Cineplex Icaria, a priori, es la mejor aliada que el proyecto Grindhouse puede tener.
A posteriori, tendré que verla de nuevo (qué bueno) para ver si de verdad la sala aportó alguna bienvenida calamidad. A los que tambien repetirán el plato, como intermezzo (no se qué me pasa hoy con los extranjerismos) les recomiendo este artículo de Henrique Llage.

1.9.07

Una canción que perdura

Llevo meses escuchando, de manera súbita y inconsciente, esta canción de Spoon, que aunque fue una obsesión a primera escucha, persiste como el fantasma sobre el que cantan las dos voces estereofónicamente. Ga ga ga ga ga, el disco de donde proviene este espinoso clamor, no esta nada mal, sobre todo lo que sería su lado A: pop rock de efectos a corto y largo plazo, dentro del cual The Ghost of You Lingers, con su humilde experimentalismo, es una anomalía maravillosa, su pequeña dosis de genialidad. Acabo de hallar el vídeo, que no desmerece en nada a la canción.


Otros fanatismos recientes son Mario Levrero, de quien desde la primera lectura he sido fan, pero ahora me descontrolo llamando a todos sus libros a mi; e Isild Le Besco, actriz francesa a quien descubrí en el trailer de la aún inhallable Camping Sauvage y casualmente vi esta semana en la hermosa y muy retro A tout de suite. Les dejo aquí también una muestra adictiva.


23.3.07

Tren de sombras circula otra vez



El séptimo numero de la revista de crítica cinematográfica Tren de sombras ya esta disponible en las principales librerías de Lima. Aún no ha llegado a mis manos, pero por lo que veo en los adelantos que me han hecho llegar, su contenido mejora cada vez más. Para apoyar este importante lanzamiento, he decidido retirar temporalmente del blog mi crónica del Festival de Sitges 2006, que escribí para este número fantástico. Asi que si no pudieron leerlo online y quieren enterarse de éste y otros temas relacionados a este género, los invito a adquirir la revista (12 soles), cuya nota de prensa y y sumario pego a continuación.
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NOTA DE PRENSA

La sétima edición de la revista de cine “Tren de Sombras”, de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la PUCP, ya se encuentra a la venta en las principales librerías de la capital.

Este número está principalmente dedicado a temas ligados de una u otra forma al género fantástico. Empieza con un gran especial sobre el cine bizarro, a propósito del futuro estreno de “Grind House”, la última película de los cineastas Quentin Tarantino y Robert Rodríguez. Inicialmente, la revista presenta un ensayo que busca explicar cómo se define esa clase de cine, que incluye a directores indiscutibles del séptimo arte como Luis Buñuel, Jean Cocteau o David Lynch; pero también a realizadores de culto y sin prestigio como Edward D. Wood Jr. o el español Jess Franco.

Seguidamente, nos brinda una entrevista a Ricardo Bedoya sobre aquellas cintas antiguas hechas en el Perú que entran en esa categoría. El especial termina con críticas de las películas peruanas más bizarras de los últimos tiempos y avances del proyecto ya mencionado de los directores de “Tiempos violentos” y “La ciudad del pecado”.

Asimismo, la última edición de “Tren de Sombras” incluye un especial sobre una de las cinematografías más importantes del momento: la tailandesa, que tiene a directores tan relevantes como Wisit Sasanatieng (“Las lágrimas del tigre negro”) o Apichatpong Weerasethakul (“Tropical Malady”), de quien además publicamos pasajes de una larga entrevista conducida por la crítica argentina Lorena Cancela. También algunas notas hechas por corresponsales en España: una entrevista, realizada en el Festival Docúpolis de Barcelona, a la fundadora de la Asociación Cine Ojo de Argentina, la documentalista Carmen Guarini; y una crónica de la última versión del Festival de Sitges, el más importante de cine fantástico en el mundo. En ella, se comenta no sólo algunos de los futuros estrenos ya confirmados en nuestra cartelera, como “La fuente de la vida” (The Fountain) de Darren Aronofsky; sino también lo último de Woody Allen (“Scoop”), Richard Linklater (“A scanner darkly”), John Carpenter (“Cigarette burns”), Michel Gondry (“La science des rêves”), Takashi Miike (“Imprint”), entre otras películas. Los realizadores de la nota también reseñan “La cravate”, el primer trabajo cinematográfico de Alejandro Jodorowsky, hecho allá por la década del 50, que ha sido recuperado después de largos años de desaparición.

“Tren de Sombras”, como siempre a todo color, posee en sus cuarenta y ocho páginas la pluma de los más importantes críticos veteranos y jóvenes del medio. Su precio es doce soles y se encuentra a la venta en las librerías Crisol (Óvalo Gutiérrez y Jockey Plaza), Época, La Casa Verde, Íbero, El Virrey, Fondo de Cultura Económica, Guamán Poma de Ayala y la librería del campus de la PUCP.

CONTENIDO

Cine bizarro
¿Qué es el cine bizarro? Cine peruano-bizarro de antaño Las películas peruanas más bizarras de los últimos tiempos Grindhouse: El proyecto de Tarantino y Rodríguez

Cine tailandés
Entre el género y la poesía Entrevista a Apichatpong Weerasethakul

Cine peruano
Mariposa Negra La prueba Talk Show Peloteros Madeinusa a favor y en contra Heddy Honigmann

Ranking
Las diez mejores películas del 2006.

Décimo Festival de Cine Latinoamericano de Lima

Desde España
Entrevista a Carmen Guarini Festival de Cine de Cataluña Sitges 06

Críticas
El niño Los infiltrados Volver El perfume Primavera, verano, otoño invierno… La verdad incómoda Miami Vice Vuelo 93

Ensayo
En busca del plot perfecto

Notas fotográficas
La luz de Sven Nykvist

Fichas técnicas

20.3.07

Metavampirismo avant garde (a la catalana)


Cuando leí que, en el marco del homenaje a Jesús Franco que ha estado realizando la Filmoteca de Barcelona, se proyectaría una película experimental rodada paralelamente a su Drácula (1970), encontré difícil resistirme, debido la rara conjunción de dos conceptos a los que soy devoto: terror y vanguardia. Vampir-Cuadecuc es el nombre de este experimento, realizado por el director de cine, guionista y productor catalán (nada menos que de Viridiana de Buñuel) Pere Portabella (Figueres, 1929) , cuya vocación experimental e inclinación izquierdista han otorgado un halo de clandestinidad y ruptura a su obra.

El filme, que dura aproximadamente una hora y cuarto, consiste en una especie de
behind the scenes expresionista y mudo del rodaje de Jesús Franco. La estrategia de Portabella es enfrentar dos elementos subyacentes en el cine de terror comercial que tuvo su apogeo en los años 60 y 70, tomando como materia prima esta mesurada versión de Franco sobre el mítico personaje. Me refiero a estética expresionista como paradigma primigenio del cine de terror y a los rudimentarios mecanismos ilusionistas de la industria fílmica de la época.

Portobella se deshizo del magnífico trabajo fotográfico de Manuel Merino y lo sustituyó por un blanco y negro de 16 mm altamente contrastado, que nos retrotrae (junto al título) al Vampyr de Dreyer, y a la magia siniestra de las sombras y ángulos extremos de esa corriente paradigmática del horror cinematográfico. Pero esa referencia choca con la deconstrucción del medio que realiza presentándonos los entresijos del rodaje, es decir rompiendo el encuadre diegético del relato y dejando ver las luces o la cámara, a los actores maquillándose o esperando su llamado.

De manera similar, la partitura de Bruno Nicolai desaparece junto a todos diálogos y efectos sonoros (a excepción del relato final de Christopher Lee) y es reemplazado por la electrónica experimental de Carles Santos, una excelente pieza de ecos y ruidos misteriosos, que yo diría interviene y procesa la banda de sonido original dándole al filme esa aura de cine mudo musicalizado por Alan Splet.

Este movimiento de reforzamiento y destrucción simultánea del género es el verdadero argumento del filme. Género y metarrelato colisionan y se funden, creando esa extraña belleza que reflexiona poéticamente sobre la gran ilusión del lenguaje cinematográfico y las convenciones del cine fantástico.

Portobella proviene de una de las más prósperas familias burguesas catalanas y es conocido por su militancia antifranquista y su protagonismo como cineasta en la llamada Escuela de Barcelona. Sus películas, esenciales para comprender el desarrollo del cine independiente español surgido a partir de los años sesenta, suelen utilizar los mecanismos de producción cinematográfica como material en la creación de una estética de vanguardia, no excenta de comentarios políticos de resistencia. Sin duda, es un personaje muy interesante de la escena política y artística de este país y habrá que estar atento a otras proyecciones de sus obras. Por lo pronto, para conocerlo más les dejo esta entrevista.

24.1.07

15, de Royston Tan


Imaginen una versión de La vendedora de rosas, Ciudad de Dios y La virgen de los sicarios, menos lumpen y un poco más nihilista, a lo Requiem por un sueño (pero sin sueño), trasladada a Singapur y protagonizada por un grupo de delincuentes juveniles bajo las órdenes de un enfant terrible de los videoclips. ¿Tengo que decir que la explosiva mezcla incluye muchos colores saturados, tatuajes y piercings, violencia de videojuego, grafismo asiático, animación estilo flash, vértigo de música electrónica (a lo Aronofski) y sonoridad siniestra (a lo Lynch) y un amplio abanico de recursos de edición, desde los estilizados ralentis al scratching visual, sin olvidar claro la dosis de humor amarillo-casi-negro cuyo sentido en buena medida se nos escapa pero intuyo es el tono predominante y justificación de buena parte de este tour de force cinematográfico? El debut de este director ha sido censurado en su pais natal y consiguientemente alabado en todo el mundo. Una hipermoderna Singapur es escenario de este existencialismo underground y, como en las dos películas latinoamericanas primero mencionadas, Tan trabajó con chicos problemáticos reales (algunos de ellos hoy en prisión o desaparecidos), colegiales que se refugian de una sociedad y de unas familias opresivas devorando castamente lo único a lo que pueden acceder fuera de la escuela: drogas, pornografía, pandillas, MTV, suicidio. Lo más interesante es cómo combina la fuerte dosis de estilismo visual con la cruda desesperación de los protagonistas. Algunos dirían que la trivializa, y encontrarían más conveniente ritmos contemplativos como los de Tsai Ming Liang o Kim Ki-duk; otros dirían que refleja el ritmo excesivo, vacuo e incandescente de esos dramas adolescentes. Otros, como yo, se conforman con ver algo tan freaky que no se compara a ninguna perspectiva europea o norteamericana; una visión nueva, que es a lo que nos tienen acostumbrados los verdaderos creadores de esa periferia cinematográfica.

15.11.06

¡Mirad, Mirad, malditos!

Copio aqui la reseña del Festival de Sitges 06, en versión uncut, que Myrna y yo escribimos para la revista Tren de sombras.


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El pueblo de Sitges, a 35 km. de Barcelona, es muy conocido por su ambiente gay friendly, que unido a una oferta turística privilegiada —17 playas, castillos medievales junto a hoteles 5 estrellas— tiene como cenit de popularidad su Carnaval, especie de love parade catalán. Más allá de eso, la única fecha en que la fantasía colectiva alcanza niveles similares es en su Festival de Cine Fantástico, que este año llegó a la 39 edición. Sinceramente, esta era la segunda vez que pisaba la ciudad, ahora con fines totalmente anti solares y, luego de casi una treintena de películas vistas, a salto de mata entre los 50 minutos de tren y las 8 horas de trabajo esclavizante, creo que nunca desligaré la ciudad, por más design y open mind que intente ser, del gris que empieza a apoderarse de sus costas en el albor del invierno. Sensaciones lovecraftianas comienzan a emanar de los muros de piedra y las callejuelas retorcidas del casco antiguo, recorridas por las figuras góticas o metaleras (¿hay alguna diferencia hoy en día?) de los fans que una vez al año rondan entre las salas y desfilan su espectral fetichismo.
Siempre recordaré este primer festival de cine como un compromiso con el insomnio. A diferencia de los festivales de música, en el que cada concierto es una explosión y uno puede saltar entre uno y otro propulsado por la música, un festival de cine te absorbe en cada sala y con más poder aún mientras más dosis de fantástico tenga. Sitges06 duró 10 días y luego de los 6 que pudimos ir, puedo decir que hemos dormido, despertado, desayunado, cenado, bebido y satisfecho otras tantas necesidades vitales en el cine... Días en que, entre el laberinto de itinerarios posibles, la única guía segura era el fajo de entradas que un día antes había podido conseguir, aunque incluso ésta podía verse alterada por nuestra memoria, el transporte nocturno o las criolladas para ingresar a funciones inesperadas.
Hubo sendos reconocimientos a Jodorowsky, Kurosawa (Kiyoshi, no Akira), Richard Fleisher y su tocayo Stanley, pero tenía que ser Lynch, este año como principal homenajeado (aunque sin Inland Empire), quien me atrajera a este purgatorio de videntes sanguinarios, a estas noches maratonianas con una cartelera en la cima de las preocupaciones vitales. Este es el reporte de Myrna Concha y mío sobre lo que pudimos ver (ganadoras casualmente excluidas). El festival de Sitges, felizmente aún corto en limosinas, conferencias y photo calls, pero jugoso en programación, evidencia una madurez laudable a la que el siguiente año estaremos más adiestrados, si el nuestro metabolismo y el paro nos lo permiten.



Los demonios de la mente

Comencemos con una curiosidad catalana: Ensalada Baudelaire (España, 1978) de Leopold Pomés, una historia cruel sobre un matrimonio de clase alta decadente, cuyo paseo en yate se convierte en una sesión de sadismo gracias a la intrusión de dos desconocidos. Marina Lager interpreta a la bella y gélida Andrea, principal víctima de humillantes juegos ante la mirada de su amordazado marido. El cuchillo en el agua de Polanski aflora como cubierto de esta ensalada masoquista y voyerista, cuyo mejor momento es si duda el banquete de la pareja secuestradora sobre el cuerpo desnudo de su rehén.
Siguiendo con el tema torturas, ninguna como el inicio de Broken (Reino Unido, 2005) de Adam Mason y Simon Boyles, en la que unas mujeres despiertan en un ataúd solo para descubrir que su peor pesadilla las espera tanto fuera de él y como dentro de sus propias entrañas. Luego del gancho gore, el filme se convierte en un tenso e interesante relato de convivencia con el enemigo (oscuras relaciones surgen entre prisionera y captor, aislados en un bosque) que desemboca en un final atronador.
El bosque, escenario privilegiado para el fantástico, también tiene su papel en Ils (Francia, 2006), de David Moreau y Xavier Palud, otra historia de asedio que empieza en una casa de campo donde una pareja se ve acorralada por los siempre ubicuos encapuchados. Ejercicio puro de filme de persecución, efectivo pero vacío, con el fútil añadido de haberse basado en hechos reales.
El otro lado del acoso es la venganza. Y sobre ella gira el filme de animación Princess (Dinamarca-Alemania, 2006) de Anders Morgenthaler, en el que el autor desarrolla el tema de un corto anterior, Araki. Una historia de revancha que empieza con la muerte de una mujer enredada en drogas y pornografía, con la consiguiente cadena de sangre a manos del hermano hasta alcanzar al último responsable. Si la historia no es muy original, tampoco lo es la realización gráfica, a excepción del uso de metraje real al estilo de vídeos caseros.

En cambio, 13 (tzameti) (Francia, 2005) de Gela Babluani, es una especie de mito en el que la violencia es el hechizo de la metamorfosis de la vida y el semblante del héroe. La opera prima de Babluani, filmada en blanco y negro porque según él ese el color de la sangre, goza de una impresionante fotografía y un ritmo angustiante, que hacen de ella una experiencia de extrema, tensa y delicada, absolutamente recomendable.


Sangre del más allá
El lado sobrenatural del festival (el más débil, dicho sea de paso), tuvo como punto más bajo la última bazofia de Nicolas Cage, The Wicker Man (EUA, 2006), en la que el director Neil LaBute vende su alma a la industria con un thriller descafeinado sobre un matriarcado panteísta que, a través de una anzuelo increíble, cazan y asan vivo al justiciero Nico. Menos vomitiva, pero no por ello estimables, es el remake norteamericano de una película del homenajeado Kurosawa, The Pulse (EUA, 2006) de Jim Sonzero. Un refrito más del terror patentado en Japón, que cambió las mansiones y los bosques por la tecnología encantada. Esta vez, gracias al Internet, fantasmales virus informáticos del más allá absorben la vida del planeta (The Ring+Matrix+La noche de los muertos vivientes). Protagonizan, claro, deliciosas estudiantes adolescentes.
Subiendo un poco el nivel, La hora fría (España, 2006) de Elio Quiroga es correcto thriller futurista en el que en un planeta post-nuclear un grupo de sobrevivientes vive subterráneamente, amenazados por espectros polares, los zombis de la superficie y, como no, por la más temible de las criaturas: ellos mismos. Más allá del estereotipo, notas curiosas son la propuesta de un final lírico y claudicante, y de que los muebles IKEA y los accesorios H&M (marcas europeas masivas y baratas) sobrevivirán al Apocalipsis.
Los abandonados(España, 2006) de Nacho Cerdá, pese a sus golpes efectistas y a la música badalamentesca más y más estandarizada, propone una historia inteligente, con la misma casa abandonada, los bosques encantados y los fantasmas ineludibles que surgen del desván familiar, pero con una estructura circular muy efectiva y sobre todo un montaje que linda con lo virtuoso.
Imprint (EUA-Japón, 2005), capítulo 13 de la muy recomendable serie Masters of Horror, es un relato macabro en la mejor tradición de Cuentos de la Cripta. El venerado Takashi Miike relata, con una estilo visualmente exquisito, de colorido circense, el viaje órfico de un periodista en busca de amada, que lo lleva a un fantasmal burdel japonés donde el horror más infernal (Basket Case revisitado) se oculta bajo un velo de pederastia, incesto, tortura y asesinato. Un ikebana de guiños cinéfilos, sadismo sofisticado y aberraciones primordiales, de la mano de un maestro del terror contemporáneo.

Otra joya de la serie es el capítulo de John Carpenter, Cigarette Burns (EUA-Canada, 2005), especie de arte poética del cine de horror. Un buscador de películas antiguas se topa con el encargo de encontrar Le Fin Absolute du Mond, misteriosa cinta que se develara como una especie de experimento hereje en el celuloide, capaz de producir la locura homicida en quienes la vean. Carpenter nos brinda poéticas reflexiones sobre su oficio en este inspirado relato cuya única tara es la inapropiada estética videoclipera de la demoníaca película.

Como variación humorística de tanta atrocidad, Woody Allen vuelve a recrearse a la inglesa en Scoop, comedia de misterio donde el director y Scarlett Johansson investigan a un asesino (Sombras y Niebla, Misterioso Asesinato en Manhatan, etc.) con la asistencia de una aparición sobrenatural (Play it again Sam, Edipo Reprimido, etc.). Un reciclaje eficaz y deliciosamente predecible.

Parábolas absurdas
Lo fantástico puede ser una pesadilla interior, una invasión paranormal o una forma de mirar la realidad. En estas parábolas donde la lógica se descarrila encontramos lo mejor que vimos del festival, comenzando por La ciencia de los sueños (Francia, 2005), tercer largo del genial Michel Gondry, que esta vez toma control del guión y nos brinda la mejor condensación de su universo. Amor romántico en escenario de cartón piedra; la magia del artista que mira el mundo a en el canal infantil de sus delirios, pasando de un lado a otro de la pantalla entre realidades estrafalarias donde todo menos los sentimientos son de utilería. Luego de verla, nos esperaba una maratón de medianoche, pero la mejor película del festival no lo merecía.
A Scanner Darkly (EUA, 2006) es la segunda rotoscopia de Richard Linklater y, más importante aun, una nueva adaptación a la pantalla grande de una novela de Philip K. Dick. Y es que esta técnica de animación, por más detallista que sea, poco aporta ante un visionario torbellino de paranoia, a no ser que la veamos como una alegoría de otra capa de realidad (tema clave en Dick). En este relato futurista ambientado en el presente, un estado totalitario y una sociedad adicta entablan una guerra secreta donde los papeles son simbióticos y el espionaje caleidoscópico. Fábula aterradoramente lúcida sobre las drogas y la identidad, lo más que podemos agradecer a Linklater es haber sido inteligentemente fiel al espíritu, argumento e imaginario de la obra original. Graham Reynolds también destaca al componer una banda sonora sutil e intrigante.
En un tono de comedia negra, The Bothersome Man (Noruega, 2006), de Jens Lien, es exitosa mientras retrata la aséptica, confortable y glacial sociedad nórdica. Pero luego de que el protagonista descubre que esta encerrado en un purgatorio elitista donde ni siquiera se le permite morir, la historia se vuelve tan reiterativa, estéril y aburrida como el mundo que describe.
La búsqueda por la imperfecta humanidad también esta presente en Electroma (Francia-EUA, 2006) de Guy-Manuel de Homen Christo y Thomas Bangalter, aka Daft Punk, que relatan en clave muda, nouvelle vague, y con soundtrack ajeno, la búsqueda mística de un par de robots, en un mundo de robots, por su espíritu humano. No es notable —a menudo roza el tedio—, pero se integra bien en el concepto interdisciplinar de este genial proyecto electro-pop.

En ese tono cuasi filosófico esta La silla (España, 2006) de J.D. Wallovits, un relato existencialista, absurdo y minimalista sobre la monotonía de la vida moderna. Como si Tarkovski filmara una historia de Kafka adaptada por Cortázar. Una de las joyas del festival y de lejos el mejor guión. La actuación psicótica de Francesc Garrido es excelente.

Mundos utópicos y distróficos recaen en Norteamérica, y ninguna como la de los años 50’s para parodiar el status quo. La película más hilarante del festival fue Fido (Canada, 2006) de Andrew Currie: la amenaza de los muertos vivientes es usufructuada cuando se inventan collares que los convierten en mascotas y esclavos. Todo marcha bien hasta que accidentes técnicos y sentimientos mutuos aparecen en la trama. ¡Bajadla ya!
Saliendo de la parodia y más cerca del escarnio puro, Borat (EUA, 2006) de Sacha Baron Cohen es el último especimen de comedia corrosiva norteamericana. Un mockumentary que cumple a diestra y siniestra con todas las normas de incorrección y mal gusto (e inventa otras), como si intentara desafiar con su sátira a la realidad y mostrar como aún así puede a veces ser sobrepasado por ella (por ejemplo en la secuencia del rodeo y la de la caravana). El impío guión y la desvengorzada caracterización del protagonista crean un cóctel brillante hasta la repulsión.
Para finalizar unas palabras sobre La cravate (Francia, 1957), el debut de Jodorowsky rescatado recientemente de unas sesiones golfas en Alemania. Esta adaptación de un cuento de Thomas Mann sobre una vendedora de cabezas tiene más valor como curiosidad que por su realización (que tiene un tufillo candido demasiado Marcel Marceau), aunque ya están presentes en pequeñas dosis el humor, lo metafórico y surrealista de su estilo.

Mundos paralelos

La gran decepción fue El laberinto del fauno (España, 2006), de Guillermo del Toro. Una historia plana, apta para la guardería, sobre militares malos y rebeldes buenos y una niña que es una princesa de otro mundo. Lo único rescatable es el diseño de las criaturas fantásticas. Todo lo contrario de The Fountain (EUA, 2006), la última y más exigente creación de Darren Aronofsky. Tres tiempos (años 1500, 2000 y 2500) se entremezclan como las hebras de una soga que el protagonista, en cada una de estas encarnaciones, quiere escalar hacia el amor inmortal. Misticismo aurífero que puede caer indigesto a algunos, pero cuyas imágenes alcanzan una belleza tan deslumbrante como un altar. El estilo hipnótico y obsesivo de Aronofsky florece de nuevo y se supera en esta reformulación de su germinal Pi.

En esta línea estructural esta Perhaps Love (Hong Kong-China, 2005) de Meter Ho-sun Chan, un musical en el que un amor del pasado entre dos actores se trenza con su negación en el presente y con el guión de una película cuya filmación los reúne, haciéndolos formar junto con el director un triángulo fuera y dentro de la ficción. Una película preciosista, narrada con inteligencia y sensibilidad, con una estética oriental que da predominancia de las texturas y las temperaturas.

24 viñetas por segundo
No podían faltar los filmes-comic de acción. Dragon Tigre Gate (Hong Kong, 2006)de Wilson Yip es un apabullante juego de artes marciales cuyos comandos son viejas lealtades y venganzas, amores no correspondidos y relaciones fraternales súper heroicas. El hit de la taquilla asiática no da respiro en cuanto a velocidad y acrobacia de hiper combates.

Mucho menos vertiginoso y efectivo, pero igualmente inspirado en el noveno arte, Storm (Suecia, 2005) de Mans Marlind es una fábula de atípica ciencia ficción con toda la factura de un blockbuster, donde un apático periodista se ve implicado en una salvaje persecución y debe salvaguardar un misterioso cubo, cuya seguridad no pone en juego el fin del mundo sino la solución a uno de sus propios traumas infantiles. Ambas películas para consumir con palomitas y sonido envolvente.

Documentales extremos
La sección Midnight X-treme, cuyo nombre lo dice todo, era uno de los platos más apetitosos del festival pero estaba dedicado sólo a los más noctámbulos. Sólo una noche pude quedarme de 1 a 6 de la mañana y pude ver dos documentales. S&Man (EUA, 2006) de J.T. Petty, es un descenso a las cloacas del séptimo arte, es decir al terror detrás de las cámaras, donde los cerebros más desquiciados, ya sea por patologías mentales o ecuménicas, se dedican a filmar con mirada pornográfica todas las variantes del sadismo, en cuyos limites ficción y realidad se confunden. El titulo del filme es tomado de la serie que produce uno de los personajes más inquietantes retratados, Erik Rost, bajo cuya obesa normalidad se esconde una mente obsesionada con el voyerismo, el acoso y el snuff.

No Body Is Perfect (Francia, 2005) de Ráphael Sibilla es un exhaustivo repaso filmado a lo largo de 5 años por los extremos del erotismo en el mundo, desde hoteles sadomasoquistas japoneses, clubs de orgías en Francia, espectáculos transexuales en Brasil, y un largo etcétera que involucra el placer en sus formas más punzantes, llámense cirugías bizarras, fakires postmodernos o automutilación. Un catálogo de transgresiones que no descubren nada nuevo pero no siempre pueden verse tan abiertamente en la pantalla.

Algunas que quisimos ver (encargos a Emule)
Renaissance, Venus Drowning, Time, Páprika, All The Boys Love Mandy Lane, Tokyo Zombie, Woman Of Mud, Sangre De Vírgenes, Oily Maniac, The Cabinet Of Dr. Caligari (2005), Strange Circus, Re-Cycle, What Is It?, Crickets

Cabaret Mistico
En un paréntesis de celuloide, Jodorowsky se plantó en el escenario a recibir el homenaje Máquina del Tiempo, mientras habla de lo arrugados que están sus calcetines. La audiencia entró en trance con el humor e inteligencia de este ilustre cineasta y escritor, que mostró su poder de terapeuta produciendo en la numerosa platea que esperaba ser víctima de algún acto psicomágico. El clima de máxima intimidad psíquica creado nos confirma su dominio del poder de la palabra cuando toca las huellas de la memoria colectiva. Creativo y afrodisíaco, el Cabaret Místico de alguna forma te desnuda y lo disfrutas.

17.5.06

Producto peruano


Confieso que poca fe tenía ya en el cine peruano, hasta que una amiga de la universidad, con la que coincidí en el avión a Lima, me dijo que Madeinusa, la película de nuestra compañera de universidad Claudia Llosa, había recibido buenas críticas en El País, cosa según su criterio muy inusual. Eso, aunado a la nostalgia originaria con la que me preparé emocionalmente para regresar a Lima, me decidió a verla apenas tenga oportunidad. En Lima compre algunos dvd’s piratas: Paloma de papel, La boca del lobo e Imposible amor. No he visto ninguna aún pero sí fui a ver en el cine Chicha tu madre, que me agradó mucho por su espíritu picaresco y su final abierto, además de que mi ciudad materna queda por fin retratada en el cine como ya lo han sido las grandes ciudades.
El primer largo de Llosa no se queda atrás. Es cierto que su retrato de la vida andina tiene mucho de postal, pero si consideramos la situación del cine en el Perú esa limitación puede revertirse y valorarse como un correcto manejo de la luz y el encuadre, o yendo más lejos aún en una bien tomada apuesta por el rebosante colorido de la puesta en escena, que para un espectador extranjero resulta inevitablemente seductor. También es cierto que el guión no es muy rico en diálogos ni dibuja con mayor detalle a los personajes, pero acierta en el uso del quechua y sobretodo en el sutil humor que es lo más logrado de la película. Más allá de eso, queda alabar el buen ritmo del relato, bucólicamente pausado pero lleno de detalles (las ratas muertas, el hombre-reloj, etc.); de la banda sonora, que aunque bordea no cae en el riesgo de la sensiblería fácil (nota curiosa: la reminiscencia automática de Kusturica que me producían las escenas de la fiesta acompañadas de la música de la banda, filtrando claro la euforia real-maravillosa del yugoslavo); y del propio argumento, cuyos rumbos en apariencia predecibles resultan ser tan engañosos como la mente de la protagonista. Palmas sonrientes para el final.
Me pregunto qué pensaría el terrorífico candidato presidencial, Ollanta Humala, si por casualidad fuera al cine y viera este filme, que claramente revierte el estereotipo de la superior astucia del criollo sobre el serranito. Posiblemente su fascismo andino lo llevaría contradictoriamente a tentar a la ojiazul directora a algún alto cargo de Conacine, lo que por otro lado no estaría del todo mal.

13.3.06

Últimos visionados:



*La filmografía completa de Lázló Moholy-Nagy, en mi festival de audiovisual favorito: el Xcentric. Me gustaron mucho más los primeros experimentos, aquellos que realizó entre 1929 y 1932, documentos fragmentados de la ciudad viva, sea Marseille o Berlín. Para estos ejercicios de montaje plástico, Moholy-Nagy encontraba más estimulante retratar los paisajes deprimidos de la ciudad, sea un viejo puerto francés o los barrios obreros alemanes de la postguerra. Su extremo formalismo no iba negado con un compromiso social, la vanguardia cotidiana como espejo de las nuevas fuerzas urbanas en ese límite vivo donde la construcción y la destrucción se mezclan.
De los cuatro cortos de ese período hay uno que rompe con esta concepción, entregándose al formalismo puro, a la textura y el resplandor del acero que se curva y acopla dando forma a una máquina abstracta, a un artefacto de cinetismo decorativo. La dinámica de este dispositivo es el único tema del relato,y adelanta con igual virtuosismo la misma fascinación por la maquina de Chris Cunningham.

*Los súper estéticos vídeos de Yuki Kawamura, en el Niu Audiovisual Media Art. Delicadeza hiper producida, animación chill-out, abstracción formal de las figuras, imágenes híbridas que combinan material proveniente de una cámara o de un software. Un caso más de maestría visual japonesa, que si bien es cierto tiende descaradamente a la perfección, tampoco muestra nada especial que escape del estilo en boga del diseño.

*Esplendor en la hierba, de Elia Kazan. Confieso que no pude evitar deprimirme ante la fuerza de este amargo drama generacional. Las hormonas y los ideales juveniles como mártires condenados por el absurdo social. Me impresionó sobre todo la fuerte carga sexual, que sin mostrar nada más allá de la espalda desnuda de Natalie Wood, deja una huella mucho más profunda que la de todos los bajos instintos cinemeros de nuestros días.

*Palíndromos, de Todd Solondz. Tal vez la menos acabada de las películas que he visto de este ácido director norteamericano, pero interesante por su estructura episódica, en la que la protagonista muda de actrices sin aparente sentido. Demencia gringa que funde la inocencia infantil, fanatismo religioso, amor dictatorial de la familia, freaks, abortos, crimen y pedofilia. Quizás es el mejor de los escasos discípulos de John Waters.

Estoy leyendo Y amanece la muerte, de Jim Crace. A pesar del bello título, el original, Being Dead, se ajusta mejor a este notable ejercicio de descripción de la violencia y descomposición que rodea la hora suprema. Con un estilo frío y preciso, Crace relata caleidoscópicamente todas las circunstancias que rodean el brutal asesinato una pareja de viejos zoólogos. Estos pasajes, como variaciones a distintos niveles de una escena (hasta ahora lo mejor del libro), se intercalan con los capítulos que describen con igual objetividad la vida de la pareja, lejos del romanticismo o de la sordidez, y más bien empeñada en anotar neutralmente los detalles más terrenales de una relación.
Los dejo con la frases más bella que he encontrado hasta ahora:

Sólo los que vislumbran el terrible e interminable corredor de la muerte, algo demasiado tremendo para contemplarlo, necesitan perderse en el amor al arte.

10.2.06

Haute cuisine


Trouble Every Day, la primera pelicula que veo de Claire Denis, me ha impresionado bastante. No es un policial, no es una película de horror, no es un drama, no es una película erótica, pero toma de cada género un elemento y los combina logrando un clima de misterio y sensualidad ganados a pulso, sin caer en convencionalismos académicos. Me gusta cómo Denis ha estructurado la historia a partir de tres parejas que sin saberlo configuran un triángulo bizarro de guardianes, presas y predadores. El primero es el conformado por Alex Descas y Beatrice Dalle, un doctor venido y su paciente/esposa enjaulada en una casa/labortorio de donde a veces se escapa para tirarse desconocidos y abrirles la garganta a mordiscos. La segunda pareja la conforman un perturbado Vincent Gallo y una angelical Tricia Vessey, esposos de luna de miel en Paris que nunca follan y se limitan a pasear por la ciudad por separado mientras el otro rumia en el cuarto de Hotel. La tercera, menor, la integran Florence Loiret y su desconocido novio moticiclista. Ella es la mucama que limpia la habitación de los recien casados detieniéndose a inspeccionar sus cosas o fumarse un cigarro en su cama. Hay crímenes, pero no policias ni noticias en los diarios. La única investigación la hace Shane Brown (Gallo) quien busca a un antiguo colega (Descas) por algo relacionado a una investigación médica muy controversial en la que estuvieron oscuramente mezclados. Además de eso, sólo sabemos que Core (Dalle) gusta de la carne masculina fresca y que su esposo limpia todos sus banquetes; que June (Vessey) esta muy enamorada pero no se entera de nada y tiene que quedarse calentorra mientras su esposo corre a masturbarse en el baño; y que Christelle (Loiret) es una linda mucama muy curiosa y facil a la hora de ligar con los huéspedes guapos. El gran aciero de Denis es en no explicarte con qué estaban experimetando estos médicos para que su investigación haya caído en el descrédito del gremio (sólo sabemos que tiene algo que ver con neurología), qué le hicieron a Core para que se vuelva tan loca y porqué Shane se obsesiona tanto por hallarlos y tiene todo el tiempo una cara de enfermo miserable que no puede ni echarle un polvo a la muñeca de su mujer. No hay nada de rollo científico ni policial, sólo comportamientos extraños, mucho silencio (casi no usa diálogos), detenidas observaciones de los cuerpos protagonistas, algunas melodías de Tindersticks, violencia sexual muy gore y una ciudad fría, romántica y pródiga en inmunidad. Fragmentos misteriosos de una versión desbocada de Cat People.
ESTA NOCHE ES EL CONCIERTO DE DEPECHE MODE

7.2.06

Meliés

Una de las mejores cosas de Barcelona es sin duda el cine Meliés. A pesar de su obsesión con Bergman y Rohmer (las cinematografías anfitrionas de la sala) desde que llegué he podido ver obras del calibre de Eraserhead, Pi y muchas otras películas que siempre soñé con ver o volver a ver en pantalla grande.

Ayer pasaron Double Indemnity de Wilder y puedo decir que es uno de los mejores film noir que he visto. A pesar del imperdonable final, que omite la vuelta de tuerca magistral que James Cain hace en su libro, Perdición (como se la llama en castellano) es un noir clásico por lo arrebatador de su narración (Chandler inside), el típico pero super bien llevado suspense de la confesión o relato retrospectivo, los diálogos irreales y magníficos como piezas de un mecano, y la infaltable femme fatale, que nunca esta mejor caracterizada que por una actriz pequeña (el señuelo de la fragilidad), rubia (platinada) y no muy bella (o bella pero no de una manera tradicional, no tan perfecta como una Rita Hayworth, por ejemplo, que en Gilda más que una femme fatale es una simple femme fou, o fatal en segundo grado. Pienso en actrices como Barbara Stanwyck o Lana Turner, hermosas sin duda, pero que al caracterizar a estos personajes tienen algo que en lugar de ensalsar glamorosamente su belleza atenta contra ella. Armonía vs. contraste. Vean el peinado de la Stanwyck: artificial, sofisticado, intrigante, a contracorriente de estado libre y natural que la hace ver (sólo) guapa a la manera clásica).

Se que estoy pecando de ignorante al pasar por alto el peso de las tendencias y las modas, pero no me interesa hacer historia sino simplemente registrar una percepción personal y actual de esos "signos".
Bueno hoy espero ir a ver algo de Bartas.
En libros tengo que terminar el de Edward Gorey y Felizberto Hernández (ya me han escrito varias veces de la biblioteca para que los devuelva). Hasta ahora el mejor cuento me parece Las Hortensias. Desde hace tiempo tenía mucha curiosidad por Hernández y, aunque creo que no lo estoy leyendo en el mejor momento (mis intereses literarios se han reducido a sólo un tono como el estómago de un vegano), ha sido un placer encontrarme con su imaginativa forma de nombrar sensaciones y describir pensamientos, a la que Cortázar debe haberse sentido muy cercano, siempre tratando de huir de cualquier fórmula conocida y fundando así su mundo de corteses y cultivados laberintos. Ahora que lo pienso, Gorey podría haber sido un buen ilustrador de su mundo, añadiéndole seguramente algo más macabro a la inofensiva locura de sus personajes, pero compartiendo con él ese mundo señorial, excéntrico, solitario o casi deshabitado. Mas que personajes reales, parecen ser ánimas atrapadas y objetos conscientes los que pueblan ambas obras.
Bueno dejo esto para retomar mi portafolio web y el poema largo al que he estado ultimamente dedicado.