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16.2.10

En vivo

En lo que respecta a conciertos, comenzamos bien este año: The Field y Sunn O))) en enero, y la semana pasada un grupo que siempre desee ver: Glass Candy.

The More I Do es uno de los temas paradigmáticos del estilo de Axel Willner, que llamaría techno metaclimático, ya que juega con tensiones y resoluciones de pequeños loops que están en sí mismos extraídos de secciones típicamente extáticas de la música de baile. Verlo y bailarlo en vivo, con batería y bajo reales, es por eso una metagozada.



El directo de Glass Candy suena mucho más cañero de lo que su disco hace suponer; esta más cerca del electropop que del melancólico híbrido de Kraftwerk e Italo Disco que encontramos en sus grabaciones. En directo, Ida No deja algo que desear como cantante, pero tiene una presencia y energía que nos hace perdonarle todo (salvando distancias, me hizo recordar la a Els Pynoo, de Vive La Fête).



Lástima que tocaran tan poco. Espero que pronto el sello Italians Do It Better traiga a otro de mis favoritos: The Chromatics.

15.2.10

Otra máscara para Olof


Uno de los descubrimientos que más me ha sorprendido escuchar estos días ha sido el firmado por el misterioso Ony Ayhun, seudónimo tras el que muchos adivinan nada menos que a Olof Bjorn, la mitad masculina de The Knife (que, a propósito, acaba de lanzar su anunciada ópera) , banda cuyo sonido carácterístico se deja divisar entre la marisma de beats fantasmales y melodías torcidas que forman este techno mutante. Quienes estéis en Berlin, no os perdáis su paso por el Berghain el 13 de Marzo. Quienes no, bajad este pack y zambullíos con cascos.

25.11.09

Páginas techno


El 2009 fue para mí uno de los años más exclusivamente melómanos. En paralelo a mis primeras composiciones musicales (y a la implementacion de mi pequeño estudio casero), mis lecturas han descarrilado exclusivamente hacia la música. En particular, me ha gustado mucho el mítico libro de Simon Reynolds, Generation Extasis. Su aproximación holística al fenómeno rave engloba musica, historia, arte, sociología e incluso algo de farmacopea, muy al estilo de los ensayos caleidoscópicos de Mario Vargas LLosa u Octavio Paz (mezclado con algo de periodismo gonzo). Puede sonar exagerado compararlo con estos gigantes, pero por lo menos diré que es el mejor libro que he leído en el año.
Un excelente compañero de éste son las memorias de Laurent Garnier: Electroshock. Un armonioso contraste con la visión de fan/crítico de Reynolds, desde el lado protagónico del DJ que ha sido testigo de la evolución de la música electrónica de baile. No es que Garnier aporte algo a la cronología canónica que se puede encontrar sin muchas variantes en la bibliografía sobre el tema, más bien la sigue fielmente. El plus del asunto es que él estuvo allí. Y la forma en que describe su experiencia, como músico y amante de la música, es lo especial. No nos ilustra con datos nuevos, sino más bien nos emociona con su viviencia y crecimiento en el vórtice mismo de ellos.

2.7.09

Datos falsos


Una de las mejores experiencias audiovisuales que recuerdo fue el prototipo de Datamatics en el Sonar 2006. Que este año haya vuelto en versión 2.0 y se presente en el ensoñador Teatre Grec bastó para querer volver a ver esa coreografía de datos: puntos, rayas, palabras, números, coordenadas, etc., extraídos de la bolsa, de una estadística, de un satélite, del mismísimo ADN, o de un simple microchip. Datos moviéndose en la pantalla al ritmo ultra preciso de la música de Ryoji Ikeda: una colección en sí misma de los ingredientes más puros de la música electrónica: clicks, glitches, drones, beats, ruido, filtros, reverberaciones y modelos de síntesis varias, combinándose en formas ambientales o technoides. Durante casi una hora el público se convirtió en voyeur cautivo de un espectacular código binario, asombroso como cabía esperar, aunque como todo lo que tiene una estética tan tecnológica y se confía a la velocidad, algo avejentado luego de tres años.

¿Y cual fue el plus que hizo de este set distinto de su antecesor? Una breve segunda parte, en la que el protagonista no sólo era el dinámico flujo de datos sino la obra misma, transformándose en un meta-datamatics.

Tal vez el problema fue que no estamos lo suficientemente avanzados para prescindir de lo humano y conformarnos con la alquimia de los bits; o tal vez el arte digital está aún más cerca de la ciencia que de la magia, y esperábamos algo más próximo a la iluminación de una demostración metódica que al fascinante engaño de una proyección en las sombras. Queríamos a Ryoji, queríamos azar, queríamos demostraciones en tiempo real. Porque si todo se resumiera en su diseño minimal o en sus renderizados 3D, no hay en ellos mucho de original; y si se trata de la virtuosa edición, poco podemos sorprendernos si ya hemos visto las sincronías cinematográficas de Walter Ruttman y su Berlín, sinfonía de una ciudad, compuesto más de ochenta años atrás.

Desde luego, me disculpo si en algún lugar la organización del Festival Grec advirtió que se trataba sólo de una proyección, pero ya de por sí me parece engañoso incluir este espectáculo en su programación de conciertos. Como ya sabemos, demasiados datos no garantizan buena información.

11.1.09

Death Trip



Este año ha comenzado con demasiadas malas noticias, pero una de las que más afecta a todo melómano es sin duda el deceso de Ron Asheton. Quién diría que el único que no fue yonqui de la legendaria banda The Stooges sería uno de los primeros en irse... El también guitarrista de Destroy All Monsters, The New Order, entre otras bandas, dejó como legado uno de los sonidos más rudos e intoxicantes del rock y se ha llevado a la tumba todos nuestros deseos de verlo una y otra vez tocando con Iggy & The Stooges.


23.12.08

Fin del 2008


Algunas cosas que descubrí y me encantaron del 2008: Doveman, +/-, Copi, Lucrecia Martel, Flann O'Brien, King Kang and the Shrines, Claudio Bertoni, LadyHawke, Raúl Gomez Jattin, Beach House, Islands, G-Star Raw, Curb your Entusiasm, Gonzalo Martínez y sus Congas Pensantes, Washington Cucurto, Ice Haven, Poni Hoax, Tequila Don Julio, Dubstep, Megaupload y descargas directas, Kymko Agility City 125, Extras, Heroes, El eternauta, Diego Maquieira y un largo etcétera que ha hecho de este año uno de los mejores de mi vida. Espero que el siguiente calendario traiga tantas buenas sorpresas y placeres. ¡Feliz año!

6.11.08

Delante y detrás de la música

No me puedo quejar. Antes que pase la resaca del Festival de Cine de Sitges, comienza el In-Edit Beefeater, dedicado al cine documental musical, y ese mismo fin de semana tocan Infadels y Ladytron. Del In-Edit me quedo con las pelis sobre Patti Smith, Surfin' Bichos, Brian Wilson y A Technicolor Dream, que reseñé para Maumau en una, dos y tres partes.

El concierto de Infadels fue una pasada, súper energico y bailable, desde los primeros acordes de Circus of the Mad, la canción que más quería escuchar, hasta un sorprendente cover de Sweet Dreams (Eurythmics). Buen sonido y mejor desempeño sobre el escenario, a pesar de que no debíamos llegar a los cincuenta los asistentes a esta cita dominguera.

A Ladytron fui con las advertencias de que éran un hermoso iceberg en vivo, lo que no me importaba mucho, ya que se trata de una excelente máquina de hacer canciones. Su buen oído para la melodía con gancho, su intraicionable sonido y la estética delicada, cool y oscura que han mantenido desde sus inicios, son signos de una banda más madura de lo que parece y que, hasta su cuarto y último disco, Velocifero, no ha hecho más que superarse. El pero no vendría de su gelidez escénica -incluso puedo dar fe de que bailaron un poquito-, si no del sonido opaco y descalabrado, impropio de la Sala Apolo; además de que bien merecían Barcelona y una sala casi llena el impresionante juego de luces que, según leí por ahí, traían consigo en este tour.

31.3.08

Snuff Jazz


Este año, los exquisitos Caprichos de Apolo cerraron su programación con una lección nada ortodoxa de jazz. Para comenzar, Ingebrigt Håker Flaten Quintet calentaron la noche con una serie de diapositivas sonoras en las que se alternaban distintas vertientes del género; su recital fue como un cadáver exquisito en el que se sucedieron ejercicios de estilo clásicos, como el bop ó el cool, con otros de avanzada como el free jazz o el jazz-funk, siempre aderezados con arreglos que podían sonar a veces a Paganini (¿un homenaje al ciclo huésped?) y en otros momentos a Jimmy Hendrix. Así, era fácil cerrar los ojos e imaginarse una sucesión de postales vintage con sus correspondientes alusiones: Monk, Coleman, Coltrane, Braxton, Davis, etc., traspasados por la vigorosa tónica sonora de un quinteto cuyo ecléctico oficio musical abrazó con soltura la atonalidad, el ruidismo digital o los paisajes cinematográficos (remembranzas de Tarantino y Peckinpah sugeridas).

Luego de esta inmersión en la caja negra de referencias que recorrió nuestra parte favorita de la historia del jazz, estábamos preparados para asimilar mejor uno de los actos más radicales de este estilo musical: Lean Left, banda compuesta por Ken Vandermark (saxo tenor, clarinete), Paal Nilssen-Love (percusión) y los guitarristas de la banda noruega The Ex, Terrie Ex y Andy Moor. Desde el primer tema, Lean Left dejó claro que lo suyo no era la recopilación museística sino la demolición y el incendio; como si las eruditas invocaciones de la banda anterior se hubieran quedado flotando en el ambiente sólo para ser víctimas de un concierto snuff.

Su actuación comenzó con un dúo furioso de guitarras eléctricas, en los que a veces parecían enfrentarse entre ellas como bestias jurásicas y otras ensañarse juntas en el desmembramiento de algún fantasma (invisible para todos menos para Terrie Ex, quien lo miraba fijamente en el suelo mientras descargaba contra él hachazos de acordes chirriantes, producidos sea con la típica uña o con baquetas, toallas, ganchos de ropa o cualquier objeto que le sirva de instrumento de tortura). Y si la obertura fue brutal, lo que siguió fue puro crescendo. El segundo acto fue otro dúo, de no menor abrasividad, entre el clamor frenético soplado por Vandermark y la implacable cabalgata polirítmica de Nilssen-Love. Más tarde, ya todos coludidos, continuarían con su ritual de virtuosa disonancia, dando fragor a lo que para este servidor sería uno de los puntos máximos de maestría y tábula rasa instrumental que ha tenido la suerte (y el capricho) de testificar.
(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

23.3.08

(R)Evolution Rock


Siempre es una pena y una suerte estar en un concierto de un grupo importante al que asisten sólo de un puñado de oyentes: el veneno de la sala casi vacía contrarrestado por la exclusiva cercanía de los artistas. Eso pasó la noche en que los Mekons tocaron en la [2]; el pequeño local no pudo ocultar su esmirriada convocatoria, más extraña aún cuando la mitad de los asistentes superaba los cuarenta años y nadie tenía mucha pinta rockera. ¿Qué puede significar que cualquier vagón del metro tenga más punkis ataviados que el concierto de uno de los más puros representantes del pedigrí post-punk británico? ¿Posturismo al descubierto? ¿Analfabetismo musical? ¿Simple recesión económica? La razón, cualquiera que fuese, no pudo opacar el imponente despliegue musical de un grupo que hace mucho dejó atrás su bandera de amateurs y está hoy en día en pleno dominio de sus poderes.

Y es que hablar de los Mekons es hablar de un grupo que tuvo la integridad suficiente para no seguir fingiendo que aún no sabían tocar, y derribar los barrotes de su inicial grito punk para salir a explorar fusiones con otros géneros como el reggae, country y, principalmente, el folk. En ese sentido, se han mantenido más fieles al espíritu que al método del movimiento que los sacó a la luz. Porque el encasillamiento sólo sirve a las compañías discográficas y a los reponedores mal pagados de las tiendas de discos, y una banda que se forjó en un ambiente de cooperativismo no tiene un ego fuerte que defender. Gracias a eso, han podido forjar una obra más continua y estilísticamente enriquecida que sus hermanastros Gang of Four y Delta 5.

Sobre el escenario, los Mekons demostraron que pese a su madurez (musical y cronológica) aún tienen carisma y se saben divertir. El show estuvo encabezado por Jon Langford, guitarrista y cantante fundador del grupo, y por la Sally Timms, a cargo de las vocales femeninas. Ambos muy cómodos en su papel de anfitriones, a lo que seguramente contribuyó la intimidad del recital. El tercer protagonista de la noche fue sin duda el saz eléctrico de Robert "Lu" Edmonds, instrumento de origen turco un que en las manos, los pies y los pedales de Edmonds servía más a la mística folk rock que a sus acentos originarios. Cockermouth, Fantastic Voyage, Perfect Mirror y Big Zombie fueron algunos de los hitos del repertorio, que onduló entre el hard rock clásico y el folk oscuro cercano a unos Espers o Black Heart Processión.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

El canto del hollín


Supongo no fui el único que, al ver a Fabrizio Modonese Palumbo, a.k.a. (r), subirse al escenario con su guitarra, imaginó un preámbulo lleno de informe y dolorosa distorsión, como capas de metal sónico recién salidas del horno. Magno error, totalmente atribuible, claro, a nuestros prejuicios, a su cabeza rapada y a su larga y afilada barba. Para mi sorpresa, tras esa apariencia de rudo motero, el músico de Larsen, XXL y Blind Cave Salamander destiló de sus dedos y de su instrumento un ambient delicado y paisajista, lleno de reverberaciones que se internaron con suaves trazos en el ecran privado de nuestras mentes. Música de luces apagadas y hondo letargo (a la que, si algo hay que objetar, son las voces incrustadas) configuran pues el proyecto en solitario de este incansable Modonese, quien además de integrar los grupos mencionados, ha colaborado con un extensa lista de creadores que incluyen a Current 93, Matmos, Xiu Xiu, Baby Dee, Damo Suzuki, Akron/Family, Nurse With Wound, Jarboe, Lydia Lunch, My Cat Is An Alien, Fovea Hex y por supuesto Michael Gira.

El efecto dejado no podía ser otro que íntima anestesia. Muy apropiada para prevenir la aparición de Michael Gira, el hombre detrás de Swans, uno de los grupos más espiritualmente devastadores que salieron de los ochenta, y del más apacible pero no menos tenebroso -y paradójicamente bautizado- Angels of light. Y es que no hay muchos músicos capaces de erizarnos la piel con sólo su guitarra acústica y su voz de crooner. A su lado, Leonard Cohen parece un trovador de bubblegum pop y Nick Cave un baladista desahuciado por la diabetes. Para superar a nuestros máximos héroes de la depresión, la música de Michael Gira se vale sólo de sus acordes, repetitivos e hipnóticos, de su voz cavernosa, que parece entonar canciones de cuna a la caída y el apocalipsis, y de unas letras bruñidas como ónix (un acompañamiento perfecto para un libro como The Road, de McCarthy). Temas de su larga trayectoria como All lined up, Love will save you, Blind, Rose of Los Angeles, etc., implosionaron entre la reducida audiencia como presagios de luto interior. En definitiva, el recital fue un buen baño de ceniza para nuestra ritualista felicidad, y para hacerle justicia, cuando en un momento Gira preguntó cómo estábamos, debimos haber contestado con un agradecido “mal”. Abajo, el primero de los seis extractos tubeados.



(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

19.2.08

Eclipse de arcángeles empantanados


Una de las noches más exquisitas y extrañas del ciclo de conciertos Caprichos de Apolo abrió con Fovea Hex, el último proyecto musical de la irlandesa Clodagh Simonds, cuya larga trayectoria en los límites más pantanosos del sonido experimental ha transcurrido, desde su adolescencia sesentera en la psicodélica Mellow Candle, con enfocada y brillante parquedad. Eso sí, siempre se ha rodeado de un selecto grupo de exploradores musicales, como Current 93 y Matmos, y en especial en este proyecto colectivo ha albergado a luminarias como Brian y Roger Eno, Robert Fripp, Carter Burwell, Colin Potter, etc. El resultado es Neither Speak Nor Remain Silent, una trilogía de EPs (Bloom, Huge y el recientemente publicado Allure) que bien podrían escucharse como a tres sirenas de pedrería cantando desde una caverna agreste.

Acompañada por la voz y el acordeón de Laura Sheeran, el violín de Cora Venus Lunny, la cellista Julia Kent (Anthony and the Johnsons) y las manipulaciones digitales de Michael Begg, Simonds irradió desde el escenario sus velos de ambient proteico, denso pero cristalino, ese folk cósmico (pero no solar, si no de agujeros negros) que con la delicadeza de sus coros diamantinos desencadenaba tormentas instrumentales y nos encauzaba con ellas hacia un submundo de lirismo feérico.

La segunda parte de la noche fue menos abismal y más etérea, con el melancólico y dulce noise-dream-pop característico de las dos últimas placas de Pluramon y su celestial protagonista vocal, Julee Cruise. Hay que decir que muchos de los que estábamos en la sala fuimos atraídos el encantamiento musical de David Lynch, cuyos más hermosos discos (Floating Into the Night, The Voice of Love) y bandas sonoras (Twin Peaks, Fire Walk With Me) la tienen a ella de médium. Era una oportunidad para verla e imaginarnos transportados a esas escenas llenas de humo, terciopelo y cañones de luz. La sorpresa fue conocerla no cómo la vaporosa e inmóvil cantante que nos da la bienvenida a otra dimensión, si no como una especie de Alicia en el manicomio, su histrionismo infantil lleno de alucinaciones y movimientos rotos, como una muñeca perdida en el infierno que no deja de sonreír.

Es cierto que la música de Pluramon, cuando no tiene la alquimia purificada de My Bloody Valentine, Cranes y Mazzy Star, es decir, cuando deja en un tercer plano su lado sónico y ruidista, se asemeja mucho a las baladas de Badalamenti/Lynch, por ejemplo en temas como If Time Was on My Side o Can’t Dissapear, de su última placa, Monstrous Surplus (2007). Pero también es cierto que a veces adaptan éstas canciones, más próximas al jazz y al new age, a su refinada electrónica shoegaze. Gracias a eso, pudimos disfrutar de una versión un poco más crispada de Mysteries of Love, extraída de la banda sonora de Terciopelo azul, para deletite de todos los fanáticos lyncheanos (ver el vídeo abajo y más en youtube).

En fin, fue una noche de armonías, de texturas y emociones perfectamente equilibradas, dominadas por una atmósfera de ternura valiente. Una lección de que, aún cuando se asomen a los vórtices más dolorosos de la melancolía, la descarga y la catarsis no son la única forma de intensidad.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

1.12.07

Nouveau Dance Rock? Qu'est-ce que ça?

Esta noche hare una sesión de lo que, luego de una intensa investigación melómana, me he atrevido a llamar nouveau dance rock, en un nuevo bar del centro de Lima. Sonarán The Presets, Dave Gahan, Gossip, The Whip, Pop Levi, Arcade Fire, Kap Bambino, You say Party! We Say Die!, How I Became a Bomb, entre otros. Además de mezclar, bailaré y beberé al mismo tiempo; toda una proeza para la que me he venido capacitando en España. Ojala los del local no sean tan tacaños como me han dicho y se pongan unas chelas. Nos vemos.

30.9.07

Más desenfreno sentimental


Qué bueno es saber que mi grupo (en activo) de rock argentino favorito, El Otro Yo, ha vuelto a recuperar sus bríos luego del descorazonador Espejismos (2004). Fuera del tiempo (2007), su nueva placa, vuelve a plagarse de geniales estribillos naif , esta vez con una energía instrumental cada vez más perfeccionada. Vuelve ese estilo demasiado inocente, demasiado desgarrado, demasiado idealista, demasiado libertino, demasiado eufórico, demasiado sensible... todo empacado en un power-rock-casi-new-metal que nunca ha sonado mejor (contaron esta vez con Billy Anderson, el productor de Melvins). Realmente es una de las bandas que te mete en un túnel del tiempo y te transporta al esplendor de la aciaga adolescencia, en un trance incontrolable que empuja al pogo a la vez que a cantar con el corazón. Os dejo un playlist con algunas canciones en vivo del repertorio nuevo.


19.9.07

Radio Mujer Perdida

Nunca he sido un chico de la radio. Será porque en Perú este medio es sencillamente malsano, letal para cualquiera que tenga un mínimo gusto musical. Pero ahora, con internet, las posibilidades se multiplican, al punto que puedes escuchar programas no solo de cualquier estilo, si no sobre todo emitidos en cualquier lugar y tiempo. Así las cosas, tal vez aún pueda desarrollar un hábito de radioescucha.

Hace un tiempo, por ejemplo, descubrí el genial proyecto Pandora, que te programaba canciones similares al artista o canción que le indicaras. Los resultados, aunque aceptables, no eran perfectos y por lo mismo llenos de interesantes sorpresas. Lamentablemente, las alimañas que suelen dictar las leyes cerraron el proyecto a oyentes fuera de E.E.U.U.

La falta de costumbre mencionada me ha mantenido apartado de mayores exploraciones, pero ayer me topé con el programa que conduce desde Berlín Gudrun Gut, y lo recomiendo a todos los amantes de la electrónica de luces tenues y cadencias reposadas. Quienes hayan escuchado la música de Gut, podrán imaginarse el estilo del programa; y quienes no, los insto a apagar las luces y escuchar Ocean Club Radio (de preferencia con el playlist abierto, para apuntar nombres).

Gudrun Gut es una mujer sumamente interesante. Su último disco se titula I put a record on y copio aquí una reseña-ejercicio literario inédito que escribí para la extinta Autobús.

Antes de saber que Gudrun Gut fue miembro de bandas ochenteras como Mania D, los primeros Einstürzende Neubauten, y los conjuntos femeninos Malaria! (excelente post punk a los Siouxie & The Banshees) y Matador (electro pop arty); y sin saber tampoco que es fundadora del colectivo Oceanclub, los sellos Monika Enterprise y Moabit Musik, además de DJ, ingeniera de sonido, productora y programadora, antes de saber nada de eso, repito, me enteré de su existencia gracias a un breve artículo sobre su disco debut, I Put a Record On (2007), del que sólo recuerdo las palabras oscuridad, electrónica, eclecticismo, ochentas y (para mejor remate) mujer, suficientes ganchos como para seguirla en la madeja musical de MySpace y llegar via Emule a este delicado artefacto de dark pop (más cercana a lo que hacía con Matador), electrónica fría y sensual proveniente de un limbo fashion, donde se baila en cámara lenta o se deja escapar el humo de la boca mirando seductoramente a la nada, todo envuelto en una ecualización retro, que se queda en los medios tonos, desinflando los bajos y desenfocando los agudos, lo que le da el ambiente de un vinilo antiguo, lleno de polvo u hollín, como sacado de una escena de Eraserhead donde una víbora susurra melodías de vodevil desde el radiador, una Diethrich subterránea, de gélida belleza alemana, cuyas vocales fantasmales se perfilan entre humaredas sintetizadas, cantando siempre con el último suspiro, con una languidez impasible, con la intimidad nocturna de una voz allanada por el tabaco, al ritmo de una polka mutante (Move Me), desenredándose en reflejos dub (Sweet, The Wheel) o zambulléndose en el delicado miasma de extrañas combinaciones como el boogie noise (Blätterwald) y el trip-hop country (Pleasuretrain), siempre citando, pero siempre también erosionándolo todo con una tormenta arenosa de techno minimal, repetitivo pero sugerente, implosivo más que exultante, canciones que son paneles de seda apolillada sobre los que se transparenta la silueta de esta ex punk erudita, de esta Venus de clubes suburbanos, cuya formula de elegancia, nostalgia, y pop postmoderno es el soundtrack perfecto para las noches hipnóticas y voluptuosas del nuevo invierno.

14.9.07

Una sucia trinidad

Desde que los vi por primera vez en concierto, sin conocerlos antes, los Dirty Three me arrebataron. Bajo ningún motivo uno debe perdérselos, si no quiere perderse uno de los directos más líricos y torrenciales de nuestra era. Warren Ellis (violín eléctrico), Mick Turner (guitarra eléctrica) y Jim White (batería) hacen una música que es como si destilaras un concentrado de Neil Young & Crazy Horse, Mogwai y el último Coltrane. Es decir, puro flujo country post-rock noise jazzeado. Para muestra, un extracto de su actuación en el Primavera Sound de este año.

James

No creo arriesgarme mucho si proclamo ya que mi mejor concierto de este año fue el de los reunidos James en el Summercase. Y como no serlo, si se trató de un Best of... en vivo (la única canción nueva no la tocaron porque se perdió el papel con la letra). Ya había visto a Tim Booth antes (de hecho fue el primer concierto al que fui cuando llegué a Barcelona) y gocé con la mitad del repertorio compuesta por los hits de su clásica banda. Pero esta vez fue demasiado. Las canciones que te pueden hacer llorar... el vocalista que baila en el éxtasis que tu sientes y quisieras imitar... la gente tan feliz como tu, cantando, a tu alrededor ... y lo más sorprendente es que todo lo viví excepcionalmente sobrio... En fin, aquí tenéis mi playlist, y perdón por el sonido (no se os ocurra que fue así), pero es uno de los gajes de estar demasiado cerca.

1.9.07

Una canción que perdura

Llevo meses escuchando, de manera súbita y inconsciente, esta canción de Spoon, que aunque fue una obsesión a primera escucha, persiste como el fantasma sobre el que cantan las dos voces estereofónicamente. Ga ga ga ga ga, el disco de donde proviene este espinoso clamor, no esta nada mal, sobre todo lo que sería su lado A: pop rock de efectos a corto y largo plazo, dentro del cual The Ghost of You Lingers, con su humilde experimentalismo, es una anomalía maravillosa, su pequeña dosis de genialidad. Acabo de hallar el vídeo, que no desmerece en nada a la canción.


Otros fanatismos recientes son Mario Levrero, de quien desde la primera lectura he sido fan, pero ahora me descontrolo llamando a todos sus libros a mi; e Isild Le Besco, actriz francesa a quien descubrí en el trailer de la aún inhallable Camping Sauvage y casualmente vi esta semana en la hermosa y muy retro A tout de suite. Les dejo aquí también una muestra adictiva.


14.5.07

Ponerse al día


No he tenido tiempo o atención para actualizar el blog,ya lo sé, y el saberlo va cada día aumentando la culpa y disminuyendo las ganas de hacerlo. Por eso, me limitaré a lanzar unas frases al vuelo sobre lo más interesante que me ha ido pasando en estos dos últimos meses.

1. El peso del aire, de A.G. Porta. Leí con entusiasmo la novela de este narrador catalán, cuya calidad literaria es diametralmente opuesta a su presencia mediática. No se puede evitar sentir la suerte de toparse con uno de los más lucidos prosistas (cataleanes) del castellano, cuyo estilo límpido en este libro se aboca a rastrear como un radar los ecos emocionales de un crimen en el entorno del asesinado. Radiografía de la burguesía nativa barcelonesa en un circunstancial envoltorio de novela criminal cuyo final, al apegarse al género, deja un sinsabor muy perdonable. Les recomiendo más aún su última novela, Concierto del No Mundo, unas de las más ambiciosas creaciones literarias españolas en cuanto a lo conceptual. Y para acercarse un poco más al autor, esta buena entrevista.

2. Haruki Murakami. Todo tiene su lugar y su tiempo, y me llegó la mejor hora de leer a este escritor japonés que desafía de una manera súper sexy, con un mundo y un estilo personalísimo, al realismo narrativo imperante. Lo más grande de él es, a mi parecer, la colosal Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, seguida por Kafka en la playa. Me gusta más este Murakami místico-surreal que el más moderado e intimista de Tokyo Blues. Ahora me espera en el librero Hard Boiled-Wonderland and the End of the World, una novela anterior, no traducida al castellano, que según he leído es importante en la evolución de este maestro. Sin duda, su obra es la lectura más reveladora e impactante a todo nivel que he tenido hace muchos años.

3. Primavera Sound. Muy largo escribir una crónica de este festival. Ya lo haré luego para una revista peruana. Pero por ahora recomiendo escuchar cuanto antes descubrimientos como Battles, Beirut, Bonde Do Role, Malajube, Hot Chip, Justice y Shannon Wright.

4. Summercase. Este fin de semana pienso dejarme llevar por toda la energía de este macro festival concentrado, que tiene grandes nombres de respaldo pero, a diferencia del Primavera Sound, pocas bandas interesantes a descubrir de segunda o tercera división, colapsado como esta por un pop rock desnatado. Aún así fliparé con viejas glorias como James, The Jesus & Mary Chain, PJ Harvey, OMD, Chemical Brithers (cuyo último disco esta buenísimo); con nuevos clásicos como Arcade Fire; y con nuevos descubrimientos importantes como Electrelane (foto), una banda de chicas guapas capaz de hacerle morder el polvo a Yo La Tengo y Sonic Youth.

4.4.07

Las canciones perfectas del fracaso


Uno de los músicos que más admiro es Matt Elliott, a quien descubrí ya como solista, en el barullo de los plausos mediáticos que recibió el su segundo disco, Drinking Songs; es decir, sin el background de Third Eye Foundation, su anterior proyecto musical. Luego de eso lo he ido a ver cuatro veces, la primera desafortunada y digna de Cassavettes, y las siguientes en el Sonar 2005, el FIB 2006 y este último sábado en el Apolo de Barcelona. Por suerte, esta repetición no ha traido cambios, y pude ver otra versión de sus poderosos directos con Manyfingers, ya no como acompañante sino como telonero. Manyfingers hizo honor a su nombre creando un tejido rítmico de samples grabados en directo y superpuestos uno sobre otro. Y luego Matt Elliott presentó su reciente Failing Songs. Más tempestad sónica atravezada por un melodía alambrada que cierra una trilogía que si en verdad lo es (lo cual ignoro) sería perfecta.
Si no me equivoco, en breve estará tocando, esta vez acompañado de una orquesta (sensato reemplazo de Manyfingers), en el Primavera Sound. Os dejo un extracto:

25.3.07

Un artista de lo guarro


Este mes pude presenciar a uno de los artistas más freaks que he visto ultimamente: Bob Log III. Psycobilly con toques country, blues y mucho sexismo, seria el acompañamiento perfecto si Russ Meyer (con quien comparte muchas obsesiones) hubiera filmado una versión trash de Mad Max. Además de usar y abusar del slide guitar, tocar la batería con los pies y cantar desde un casco de motocicleta que tiene incrustado un receptor de teléfono, este bizarro personaje ha hecho importantes contribuciones a la música como la técnica bautizada como tit-clapping, es decir, nada menos que percusiones mamarias. La verdad es que como músico es un buen performer, ya que en vivo su música puede ser divertida pero luego de cinco temas (que felizmente equivalen a diez minutos) te vas dando cuenta de lo poco que difieren unos de otros. Aca los dejo con un videillo.