7.11.07

La hoja negra dentro de la boca


Magnífico título para un no menos soberbio poemario. Su autor, Ki Hyoung-Do (1960-1989), fue un joven poeta surcoreano cuya obra desde un principio llamó la atención de público y crítica por su fuerza y novedad y, sobre todo a partir de la década de los noventa, ha ido cobrando cada vez más importancia, introduciéndose incluso en los libros de escuela como lectura obligatoria.
Versos donde lo cotidiano y urbano se entrelaza con las imágenes de la naturaleza y con las emociones, como si se tratara de una madeja podrida. La poesía de Ki Hyoung-Do esta dominada por una permanente lluvia sucia y en un otoño enfermo. Sus personajes comparten este decaer con gestos de lenta derrota, sin más filosofía que la resignación y la entrega total a la decrepitud moral y vital que los rodea, sea en una ciudad ennegrecida por el hollín de las fábricas, en las escuelas donde la vida empieza a emponzoñarse, en las oficinas burocráticas donde las últimas gotas del llanto se pierden sordas, o simplemente en un bosque muerto. Otoño e invierno son las únicas estaciones que se suceden, telón de fondo de las breves e hirientes descripciones poéticas de personajes y situaciones que el autor recrea, compaginando el presente estéril y sin esperanzas en que vive con sus recuerdos de infancia. El romanticismo juvenil desde el que Hyoung-Do mira su mundo no mendiga nada, sólo se muerde los dientes y acepta.
La corta trayectoria literaria de Hyoung-Do tuvo más suerte que su labor periodística, presa de la censura política de su tiempo, y sólo ha conocido una creciente admiración dentro y fuera de Corea. Su muerte, pocos días antes de llegar a los 29 años, no deja atrás la belleza de su obra y es una que ya muchos artistas quisieran si pudieran elegir: a medianoche, sentado en una butaca de cine, las manos súbitas de un tumor cerebral. ¿Qué película habrá estado viendo?
Como muestra os dejo un fragmento del poema Luna de papel:

5.
Solo es bello lo que produce sonido.
Porque solamente el sonido es nuevo siempre,
porque morir es fácil.

Porque sólo el sonido anda con sus propios pies
como quien anda con zapatos reparados.

Pero, ¿qué vamos a reservar? Todas las habitaciones están ocupadas,

[o todas están vacías.

Sólo la indiferencia nos deja descansar,
no es preciso recordar nada más.

El pasado se acabó. El placer también:
es como una costumbre. Al arreglar la corbata

verifica la altura dentro del espejo y se siente seguro;
es que somos solteros.
Al contemplar la luna que asciende con rapidez, silbando,
el valor de cada cual resuena en su interior,

tú nunca has hablado honestamente,
ni una sola vez. Por favor,

déjalo ya. Para ti ya vomité
todo lo que yo podía devolver.
Además,
nada ha quedado claro;
hoy queda poco aún. Por tanto:
Good-bye.