15.11.06

¡Mirad, Mirad, malditos!

Copio aqui la reseña del Festival de Sitges 06, en versión uncut, que Myrna y yo escribimos para la revista Tren de sombras.


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El pueblo de Sitges, a 35 km. de Barcelona, es muy conocido por su ambiente gay friendly, que unido a una oferta turística privilegiada —17 playas, castillos medievales junto a hoteles 5 estrellas— tiene como cenit de popularidad su Carnaval, especie de love parade catalán. Más allá de eso, la única fecha en que la fantasía colectiva alcanza niveles similares es en su Festival de Cine Fantástico, que este año llegó a la 39 edición. Sinceramente, esta era la segunda vez que pisaba la ciudad, ahora con fines totalmente anti solares y, luego de casi una treintena de películas vistas, a salto de mata entre los 50 minutos de tren y las 8 horas de trabajo esclavizante, creo que nunca desligaré la ciudad, por más design y open mind que intente ser, del gris que empieza a apoderarse de sus costas en el albor del invierno. Sensaciones lovecraftianas comienzan a emanar de los muros de piedra y las callejuelas retorcidas del casco antiguo, recorridas por las figuras góticas o metaleras (¿hay alguna diferencia hoy en día?) de los fans que una vez al año rondan entre las salas y desfilan su espectral fetichismo.
Siempre recordaré este primer festival de cine como un compromiso con el insomnio. A diferencia de los festivales de música, en el que cada concierto es una explosión y uno puede saltar entre uno y otro propulsado por la música, un festival de cine te absorbe en cada sala y con más poder aún mientras más dosis de fantástico tenga. Sitges06 duró 10 días y luego de los 6 que pudimos ir, puedo decir que hemos dormido, despertado, desayunado, cenado, bebido y satisfecho otras tantas necesidades vitales en el cine... Días en que, entre el laberinto de itinerarios posibles, la única guía segura era el fajo de entradas que un día antes había podido conseguir, aunque incluso ésta podía verse alterada por nuestra memoria, el transporte nocturno o las criolladas para ingresar a funciones inesperadas.
Hubo sendos reconocimientos a Jodorowsky, Kurosawa (Kiyoshi, no Akira), Richard Fleisher y su tocayo Stanley, pero tenía que ser Lynch, este año como principal homenajeado (aunque sin Inland Empire), quien me atrajera a este purgatorio de videntes sanguinarios, a estas noches maratonianas con una cartelera en la cima de las preocupaciones vitales. Este es el reporte de Myrna Concha y mío sobre lo que pudimos ver (ganadoras casualmente excluidas). El festival de Sitges, felizmente aún corto en limosinas, conferencias y photo calls, pero jugoso en programación, evidencia una madurez laudable a la que el siguiente año estaremos más adiestrados, si el nuestro metabolismo y el paro nos lo permiten.



Los demonios de la mente

Comencemos con una curiosidad catalana: Ensalada Baudelaire (España, 1978) de Leopold Pomés, una historia cruel sobre un matrimonio de clase alta decadente, cuyo paseo en yate se convierte en una sesión de sadismo gracias a la intrusión de dos desconocidos. Marina Lager interpreta a la bella y gélida Andrea, principal víctima de humillantes juegos ante la mirada de su amordazado marido. El cuchillo en el agua de Polanski aflora como cubierto de esta ensalada masoquista y voyerista, cuyo mejor momento es si duda el banquete de la pareja secuestradora sobre el cuerpo desnudo de su rehén.
Siguiendo con el tema torturas, ninguna como el inicio de Broken (Reino Unido, 2005) de Adam Mason y Simon Boyles, en la que unas mujeres despiertan en un ataúd solo para descubrir que su peor pesadilla las espera tanto fuera de él y como dentro de sus propias entrañas. Luego del gancho gore, el filme se convierte en un tenso e interesante relato de convivencia con el enemigo (oscuras relaciones surgen entre prisionera y captor, aislados en un bosque) que desemboca en un final atronador.
El bosque, escenario privilegiado para el fantástico, también tiene su papel en Ils (Francia, 2006), de David Moreau y Xavier Palud, otra historia de asedio que empieza en una casa de campo donde una pareja se ve acorralada por los siempre ubicuos encapuchados. Ejercicio puro de filme de persecución, efectivo pero vacío, con el fútil añadido de haberse basado en hechos reales.
El otro lado del acoso es la venganza. Y sobre ella gira el filme de animación Princess (Dinamarca-Alemania, 2006) de Anders Morgenthaler, en el que el autor desarrolla el tema de un corto anterior, Araki. Una historia de revancha que empieza con la muerte de una mujer enredada en drogas y pornografía, con la consiguiente cadena de sangre a manos del hermano hasta alcanzar al último responsable. Si la historia no es muy original, tampoco lo es la realización gráfica, a excepción del uso de metraje real al estilo de vídeos caseros.

En cambio, 13 (tzameti) (Francia, 2005) de Gela Babluani, es una especie de mito en el que la violencia es el hechizo de la metamorfosis de la vida y el semblante del héroe. La opera prima de Babluani, filmada en blanco y negro porque según él ese el color de la sangre, goza de una impresionante fotografía y un ritmo angustiante, que hacen de ella una experiencia de extrema, tensa y delicada, absolutamente recomendable.


Sangre del más allá
El lado sobrenatural del festival (el más débil, dicho sea de paso), tuvo como punto más bajo la última bazofia de Nicolas Cage, The Wicker Man (EUA, 2006), en la que el director Neil LaBute vende su alma a la industria con un thriller descafeinado sobre un matriarcado panteísta que, a través de una anzuelo increíble, cazan y asan vivo al justiciero Nico. Menos vomitiva, pero no por ello estimables, es el remake norteamericano de una película del homenajeado Kurosawa, The Pulse (EUA, 2006) de Jim Sonzero. Un refrito más del terror patentado en Japón, que cambió las mansiones y los bosques por la tecnología encantada. Esta vez, gracias al Internet, fantasmales virus informáticos del más allá absorben la vida del planeta (The Ring+Matrix+La noche de los muertos vivientes). Protagonizan, claro, deliciosas estudiantes adolescentes.
Subiendo un poco el nivel, La hora fría (España, 2006) de Elio Quiroga es correcto thriller futurista en el que en un planeta post-nuclear un grupo de sobrevivientes vive subterráneamente, amenazados por espectros polares, los zombis de la superficie y, como no, por la más temible de las criaturas: ellos mismos. Más allá del estereotipo, notas curiosas son la propuesta de un final lírico y claudicante, y de que los muebles IKEA y los accesorios H&M (marcas europeas masivas y baratas) sobrevivirán al Apocalipsis.
Los abandonados(España, 2006) de Nacho Cerdá, pese a sus golpes efectistas y a la música badalamentesca más y más estandarizada, propone una historia inteligente, con la misma casa abandonada, los bosques encantados y los fantasmas ineludibles que surgen del desván familiar, pero con una estructura circular muy efectiva y sobre todo un montaje que linda con lo virtuoso.
Imprint (EUA-Japón, 2005), capítulo 13 de la muy recomendable serie Masters of Horror, es un relato macabro en la mejor tradición de Cuentos de la Cripta. El venerado Takashi Miike relata, con una estilo visualmente exquisito, de colorido circense, el viaje órfico de un periodista en busca de amada, que lo lleva a un fantasmal burdel japonés donde el horror más infernal (Basket Case revisitado) se oculta bajo un velo de pederastia, incesto, tortura y asesinato. Un ikebana de guiños cinéfilos, sadismo sofisticado y aberraciones primordiales, de la mano de un maestro del terror contemporáneo.

Otra joya de la serie es el capítulo de John Carpenter, Cigarette Burns (EUA-Canada, 2005), especie de arte poética del cine de horror. Un buscador de películas antiguas se topa con el encargo de encontrar Le Fin Absolute du Mond, misteriosa cinta que se develara como una especie de experimento hereje en el celuloide, capaz de producir la locura homicida en quienes la vean. Carpenter nos brinda poéticas reflexiones sobre su oficio en este inspirado relato cuya única tara es la inapropiada estética videoclipera de la demoníaca película.

Como variación humorística de tanta atrocidad, Woody Allen vuelve a recrearse a la inglesa en Scoop, comedia de misterio donde el director y Scarlett Johansson investigan a un asesino (Sombras y Niebla, Misterioso Asesinato en Manhatan, etc.) con la asistencia de una aparición sobrenatural (Play it again Sam, Edipo Reprimido, etc.). Un reciclaje eficaz y deliciosamente predecible.

Parábolas absurdas
Lo fantástico puede ser una pesadilla interior, una invasión paranormal o una forma de mirar la realidad. En estas parábolas donde la lógica se descarrila encontramos lo mejor que vimos del festival, comenzando por La ciencia de los sueños (Francia, 2005), tercer largo del genial Michel Gondry, que esta vez toma control del guión y nos brinda la mejor condensación de su universo. Amor romántico en escenario de cartón piedra; la magia del artista que mira el mundo a en el canal infantil de sus delirios, pasando de un lado a otro de la pantalla entre realidades estrafalarias donde todo menos los sentimientos son de utilería. Luego de verla, nos esperaba una maratón de medianoche, pero la mejor película del festival no lo merecía.
A Scanner Darkly (EUA, 2006) es la segunda rotoscopia de Richard Linklater y, más importante aun, una nueva adaptación a la pantalla grande de una novela de Philip K. Dick. Y es que esta técnica de animación, por más detallista que sea, poco aporta ante un visionario torbellino de paranoia, a no ser que la veamos como una alegoría de otra capa de realidad (tema clave en Dick). En este relato futurista ambientado en el presente, un estado totalitario y una sociedad adicta entablan una guerra secreta donde los papeles son simbióticos y el espionaje caleidoscópico. Fábula aterradoramente lúcida sobre las drogas y la identidad, lo más que podemos agradecer a Linklater es haber sido inteligentemente fiel al espíritu, argumento e imaginario de la obra original. Graham Reynolds también destaca al componer una banda sonora sutil e intrigante.
En un tono de comedia negra, The Bothersome Man (Noruega, 2006), de Jens Lien, es exitosa mientras retrata la aséptica, confortable y glacial sociedad nórdica. Pero luego de que el protagonista descubre que esta encerrado en un purgatorio elitista donde ni siquiera se le permite morir, la historia se vuelve tan reiterativa, estéril y aburrida como el mundo que describe.
La búsqueda por la imperfecta humanidad también esta presente en Electroma (Francia-EUA, 2006) de Guy-Manuel de Homen Christo y Thomas Bangalter, aka Daft Punk, que relatan en clave muda, nouvelle vague, y con soundtrack ajeno, la búsqueda mística de un par de robots, en un mundo de robots, por su espíritu humano. No es notable —a menudo roza el tedio—, pero se integra bien en el concepto interdisciplinar de este genial proyecto electro-pop.

En ese tono cuasi filosófico esta La silla (España, 2006) de J.D. Wallovits, un relato existencialista, absurdo y minimalista sobre la monotonía de la vida moderna. Como si Tarkovski filmara una historia de Kafka adaptada por Cortázar. Una de las joyas del festival y de lejos el mejor guión. La actuación psicótica de Francesc Garrido es excelente.

Mundos utópicos y distróficos recaen en Norteamérica, y ninguna como la de los años 50’s para parodiar el status quo. La película más hilarante del festival fue Fido (Canada, 2006) de Andrew Currie: la amenaza de los muertos vivientes es usufructuada cuando se inventan collares que los convierten en mascotas y esclavos. Todo marcha bien hasta que accidentes técnicos y sentimientos mutuos aparecen en la trama. ¡Bajadla ya!
Saliendo de la parodia y más cerca del escarnio puro, Borat (EUA, 2006) de Sacha Baron Cohen es el último especimen de comedia corrosiva norteamericana. Un mockumentary que cumple a diestra y siniestra con todas las normas de incorrección y mal gusto (e inventa otras), como si intentara desafiar con su sátira a la realidad y mostrar como aún así puede a veces ser sobrepasado por ella (por ejemplo en la secuencia del rodeo y la de la caravana). El impío guión y la desvengorzada caracterización del protagonista crean un cóctel brillante hasta la repulsión.
Para finalizar unas palabras sobre La cravate (Francia, 1957), el debut de Jodorowsky rescatado recientemente de unas sesiones golfas en Alemania. Esta adaptación de un cuento de Thomas Mann sobre una vendedora de cabezas tiene más valor como curiosidad que por su realización (que tiene un tufillo candido demasiado Marcel Marceau), aunque ya están presentes en pequeñas dosis el humor, lo metafórico y surrealista de su estilo.

Mundos paralelos

La gran decepción fue El laberinto del fauno (España, 2006), de Guillermo del Toro. Una historia plana, apta para la guardería, sobre militares malos y rebeldes buenos y una niña que es una princesa de otro mundo. Lo único rescatable es el diseño de las criaturas fantásticas. Todo lo contrario de The Fountain (EUA, 2006), la última y más exigente creación de Darren Aronofsky. Tres tiempos (años 1500, 2000 y 2500) se entremezclan como las hebras de una soga que el protagonista, en cada una de estas encarnaciones, quiere escalar hacia el amor inmortal. Misticismo aurífero que puede caer indigesto a algunos, pero cuyas imágenes alcanzan una belleza tan deslumbrante como un altar. El estilo hipnótico y obsesivo de Aronofsky florece de nuevo y se supera en esta reformulación de su germinal Pi.

En esta línea estructural esta Perhaps Love (Hong Kong-China, 2005) de Meter Ho-sun Chan, un musical en el que un amor del pasado entre dos actores se trenza con su negación en el presente y con el guión de una película cuya filmación los reúne, haciéndolos formar junto con el director un triángulo fuera y dentro de la ficción. Una película preciosista, narrada con inteligencia y sensibilidad, con una estética oriental que da predominancia de las texturas y las temperaturas.

24 viñetas por segundo
No podían faltar los filmes-comic de acción. Dragon Tigre Gate (Hong Kong, 2006)de Wilson Yip es un apabullante juego de artes marciales cuyos comandos son viejas lealtades y venganzas, amores no correspondidos y relaciones fraternales súper heroicas. El hit de la taquilla asiática no da respiro en cuanto a velocidad y acrobacia de hiper combates.

Mucho menos vertiginoso y efectivo, pero igualmente inspirado en el noveno arte, Storm (Suecia, 2005) de Mans Marlind es una fábula de atípica ciencia ficción con toda la factura de un blockbuster, donde un apático periodista se ve implicado en una salvaje persecución y debe salvaguardar un misterioso cubo, cuya seguridad no pone en juego el fin del mundo sino la solución a uno de sus propios traumas infantiles. Ambas películas para consumir con palomitas y sonido envolvente.

Documentales extremos
La sección Midnight X-treme, cuyo nombre lo dice todo, era uno de los platos más apetitosos del festival pero estaba dedicado sólo a los más noctámbulos. Sólo una noche pude quedarme de 1 a 6 de la mañana y pude ver dos documentales. S&Man (EUA, 2006) de J.T. Petty, es un descenso a las cloacas del séptimo arte, es decir al terror detrás de las cámaras, donde los cerebros más desquiciados, ya sea por patologías mentales o ecuménicas, se dedican a filmar con mirada pornográfica todas las variantes del sadismo, en cuyos limites ficción y realidad se confunden. El titulo del filme es tomado de la serie que produce uno de los personajes más inquietantes retratados, Erik Rost, bajo cuya obesa normalidad se esconde una mente obsesionada con el voyerismo, el acoso y el snuff.

No Body Is Perfect (Francia, 2005) de Ráphael Sibilla es un exhaustivo repaso filmado a lo largo de 5 años por los extremos del erotismo en el mundo, desde hoteles sadomasoquistas japoneses, clubs de orgías en Francia, espectáculos transexuales en Brasil, y un largo etcétera que involucra el placer en sus formas más punzantes, llámense cirugías bizarras, fakires postmodernos o automutilación. Un catálogo de transgresiones que no descubren nada nuevo pero no siempre pueden verse tan abiertamente en la pantalla.

Algunas que quisimos ver (encargos a Emule)
Renaissance, Venus Drowning, Time, Páprika, All The Boys Love Mandy Lane, Tokyo Zombie, Woman Of Mud, Sangre De Vírgenes, Oily Maniac, The Cabinet Of Dr. Caligari (2005), Strange Circus, Re-Cycle, What Is It?, Crickets

Cabaret Mistico
En un paréntesis de celuloide, Jodorowsky se plantó en el escenario a recibir el homenaje Máquina del Tiempo, mientras habla de lo arrugados que están sus calcetines. La audiencia entró en trance con el humor e inteligencia de este ilustre cineasta y escritor, que mostró su poder de terapeuta produciendo en la numerosa platea que esperaba ser víctima de algún acto psicomágico. El clima de máxima intimidad psíquica creado nos confirma su dominio del poder de la palabra cuando toca las huellas de la memoria colectiva. Creativo y afrodisíaco, el Cabaret Místico de alguna forma te desnuda y lo disfrutas.