17.5.06

Producto peruano


Confieso que poca fe tenía ya en el cine peruano, hasta que una amiga de la universidad, con la que coincidí en el avión a Lima, me dijo que Madeinusa, la película de nuestra compañera de universidad Claudia Llosa, había recibido buenas críticas en El País, cosa según su criterio muy inusual. Eso, aunado a la nostalgia originaria con la que me preparé emocionalmente para regresar a Lima, me decidió a verla apenas tenga oportunidad. En Lima compre algunos dvd’s piratas: Paloma de papel, La boca del lobo e Imposible amor. No he visto ninguna aún pero sí fui a ver en el cine Chicha tu madre, que me agradó mucho por su espíritu picaresco y su final abierto, además de que mi ciudad materna queda por fin retratada en el cine como ya lo han sido las grandes ciudades.
El primer largo de Llosa no se queda atrás. Es cierto que su retrato de la vida andina tiene mucho de postal, pero si consideramos la situación del cine en el Perú esa limitación puede revertirse y valorarse como un correcto manejo de la luz y el encuadre, o yendo más lejos aún en una bien tomada apuesta por el rebosante colorido de la puesta en escena, que para un espectador extranjero resulta inevitablemente seductor. También es cierto que el guión no es muy rico en diálogos ni dibuja con mayor detalle a los personajes, pero acierta en el uso del quechua y sobretodo en el sutil humor que es lo más logrado de la película. Más allá de eso, queda alabar el buen ritmo del relato, bucólicamente pausado pero lleno de detalles (las ratas muertas, el hombre-reloj, etc.); de la banda sonora, que aunque bordea no cae en el riesgo de la sensiblería fácil (nota curiosa: la reminiscencia automática de Kusturica que me producían las escenas de la fiesta acompañadas de la música de la banda, filtrando claro la euforia real-maravillosa del yugoslavo); y del propio argumento, cuyos rumbos en apariencia predecibles resultan ser tan engañosos como la mente de la protagonista. Palmas sonrientes para el final.
Me pregunto qué pensaría el terrorífico candidato presidencial, Ollanta Humala, si por casualidad fuera al cine y viera este filme, que claramente revierte el estereotipo de la superior astucia del criollo sobre el serranito. Posiblemente su fascismo andino lo llevaría contradictoriamente a tentar a la ojiazul directora a algún alto cargo de Conacine, lo que por otro lado no estaría del todo mal.