31.3.08
23.3.08
(R)Evolution Rock
Y es que hablar de los Mekons es hablar de un grupo que tuvo la integridad suficiente para no seguir fingiendo que aún no sabían tocar, y derribar los barrotes de su inicial grito punk para salir a explorar fusiones con otros géneros como el reggae, country y, principalmente, el folk. En ese sentido, se han mantenido más fieles al espíritu que al método del movimiento que los sacó a la luz. Porque el encasillamiento sólo sirve a las compañías discográficas y a los reponedores mal pagados de las tiendas de discos, y una banda que se forjó en un ambiente de cooperativismo no tiene un ego fuerte que defender. Gracias a eso, han podido forjar una obra más continua y estilísticamente enriquecida que sus hermanastros Gang of Four y Delta 5.
Sobre el escenario, los Mekons demostraron que pese a su madurez (musical y cronológica) aún tienen carisma y se saben divertir. El show estuvo encabezado por Jon Langford, guitarrista y cantante fundador del grupo, y por la Sally Timms, a cargo de las vocales femeninas. Ambos muy cómodos en su papel de anfitriones, a lo que seguramente contribuyó la intimidad del recital. El tercer protagonista de la noche fue sin duda el saz eléctrico de Robert "Lu" Edmonds, instrumento de origen turco un que en las manos, los pies y los pedales de Edmonds servía más a la mística folk rock que a sus acentos originarios. Cockermouth, Fantastic Voyage, Perfect Mirror y Big Zombie fueron algunos de los hitos del repertorio, que onduló entre el hard rock clásico y el folk oscuro cercano a unos Espers o Black Heart Processión.
(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)
Publicado por
Miguel Rivero
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8:01 p. m.
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Etiquetas: Conciertos, mekons, música
El canto del hollín
El efecto dejado no podía ser otro que íntima anestesia. Muy apropiada para prevenir la aparición de Michael Gira, el hombre detrás de Swans, uno de los grupos más espiritualmente devastadores que salieron de los ochenta, y del más apacible pero no menos tenebroso -y paradójicamente bautizado- Angels of light. Y es que no hay muchos músicos capaces de erizarnos la piel con sólo su guitarra acústica y su voz de crooner. A su lado, Leonard Cohen parece un trovador de bubblegum pop y Nick Cave un baladista desahuciado por la diabetes. Para superar a nuestros máximos héroes de la depresión, la música de Michael Gira se vale sólo de sus acordes, repetitivos e hipnóticos, de su voz cavernosa, que parece entonar canciones de cuna a la caída y el apocalipsis, y de unas letras bruñidas como ónix (un acompañamiento perfecto para un libro como The Road, de McCarthy). Temas de su larga trayectoria como All lined up, Love will save you, Blind, Rose of Los Angeles, etc., implosionaron entre la reducida audiencia como presagios de luto interior. En definitiva, el recital fue un buen baño de ceniza para nuestra ritualista felicidad, y para hacerle justicia, cuando en un momento Gira preguntó cómo estábamos, debimos haber contestado con un agradecido “mal”. Abajo, el primero de los seis extractos tubeados.
(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)
Publicado por
Miguel Rivero
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7:42 p. m.
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Etiquetas: Conciertos, Michael Gira, música, Swans
Femineidad Fatal
Tengo que confesarlo, soy un lego en cuestiones de neo feminismo y ni siquiera conozco la obra literaria de Virginie Despentes (aunque sí formo parte de esa minoría que admira su película Fóllame), pero eso no fue inconveniente para acercarme a su último libro, Teoría King Kong (2006), una mezcla de ensayo, testimonio y manifiesto punk sobre pornografía, prostitución y violación que no pudo encontrar mejor traductora al castellano que a Beatriz Preciado, la autora del sedicioso Manifiesto contra-sexual (2002), para la editorial Melusina.
Y lo primero que quiero destacar es justamente el espíritu punkarra del libro, no sólo por la crudeza de sus declaraciones, si no porque escapa de todo léxico académico y se apropia valientemente de la primera persona sin dejar de lado la fundamentación teórica. Despentes no es dueña de una prosa que sabe noquear, además es una intelectual de primera línea y alguien cuya biografía está conectada, más allá de los libros, con los tres temas mencionados. Punki violada, luego puta y más tarde afiliada al cine porno, nadie mejor que ella para denunciar personal y filosóficamente la batalla perdida que aún significa nacer mujer.
Como ensayo confesional, apela menos al corpus bibliográfico que a la propia experiencia; es especialmente estremecedor en el capítulo de la violación, revelador en los del porno y la prostitución, y desgraciadamente laxo en el de la teoría King Kong, que pese a condensar la unidad del libro no logra cerrarlo con la contundencia esperada.
Aún así, se trata de una lectura muy provocadora, tanto estilística como conceptualmente. Las ideas que propone pueden no ser nuevas, pero están fundamentadas en las propias cicatrices que describen con furia e inteligencia la trampa en la que tanto hombres y mujeres estamos atrapados, cuyos orígenes no están en uno u otro bando genérico, si no en los dictados del poder. Un libro excelente para asimilar (al ritmo de Lydia Lunch o Bikini Kill) ideas gritadas con estilo y meditación. El mejor regalo para la amiga kuki-flower o el colega maromo que por desgracia nunca faltan.
Publicado por
Miguel Rivero
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7:30 p. m.
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Etiquetas: Despentes, ensayo, feminismo, Literatura