1.6.06

Dark Country Rocks!



En el medio de las anodinas presentaciones de Skimo y Jody Wildgoose, el concierto de Elliott Brood de ayer brilló no sólo por el intenso country que los caracteriza, sino por el inesperado buen humor, sencillez y complicidad con el público del trío canadiense. La verdad, a partir de su disco Ambassador —que dice la leyenda fue grabado en un matadero— yo me esperaba a tipos más graves y siniestros, una suerte de heraldos de la muerte que usaban el banjo como guadaña. Lejos de eso, se mostraron como unos chicos alegres y buena onda, contentos de estar tocando en un pequeño club de Barcelona ante una audiencia igual de agradecida. El ambiente ganó intimidad rápidamente, no faltaron las palmas y los aullidos al son de las cuerdas rítmicas de un eufórico Casey LaForet o de los gritos extáticos de Mark Sasso, quien se hacia cargo como podía de la imagen oscura del grupo contrapesando el entusiasmo de su compañero con un poco de seriedad, luto y el insigne banjo (que por otro nada tenía de pintoresco como instrumento frente a la valija que Steve Pitkin usaba como bombo). Más apolíneos, en definitiva, de lo esperado, durante alrededor de una hora los Elliott Brood iluminaron la noche con sus autodenominado death country, es decir con canciones que nos transportan a los paisajes sepias del western, con muchos cráneos de buey, sombras de buitres sobre la arena del desierto, noches de hogueras solitarias, pueblos fantasmas y cementerios en bonanza. Antes y después de su presentación los podías ver tomándose una cerveza entre el público. Gracias a eso pude pedirles su email, y ya estoy esperando que acabe este loco fin de semana para prepararles una buena entrevista.



Esta noche tengo mucha curiosidad por ver a los No-Neck Blues Band y a The Drones, además claro de repetir (¡vaya lujo!) a Yo La Tengo. No se sorprendan de que no vuelva a escribir nada hasta la próxima semana, que comienza ya el tren exclusivo de conciertos, sueño y alimentación.