3.2.09

Antes de Drácula


Antes de Drácula, estuvo Carmilla. La historia de una vampira lesbiana, viajera y sin títulos de nobleza se adelantó demasiado a su época y fue enterrada en popularidad por la del donjuanesco conde de Bram Stoker, pero afortunadamente siempre hay algún exhumador como Gustavo López Mañas para rescatarla del olvido y ofrecer a sus colmillos sangre de nuevas generaciones. En este caso, por medio de un adaptación fotográfica que funciona como una estilizadísima fotonovela de toques neogóticos. López Mañas utiliza su arte con la luz y los píxeles para ilustrar la novela que Joseph Sheridan Le Fanu publicó en 1872, acompañándose en la realización de su novia Ana Ibáñez Lario, su hermana Vinila Von Bismark y un equipo cercano de colaboradores.

La visión del joven artista granadino sobre la novela decimonónica que sentó las bases del arquetipo de la vampira ha cristalizado en imágenes cuya riqueza de tonos sepia y limitada profundidad de campo da fe de su experiencia y espléndido saber hacer en el mundo de la foto comercial, publicitaria y de modas. Lo suyo, pues, esta más en la maestría de la iluminación, la dirección de las modelos, los cuidadosos encuadres, la meditada producción y sobre todo una envolvente post producción, que mediante cromas y muchas capas de photoshop es responsable prácticamente de la totalidad de los escenarios. López Mañas es pues más un retratista que un narrador. Por suerte, así parece saberlo él y por eso decidió apoyar sus fotos con extractos del cuento.

En líneas generales, podríamos decir que López Mañas se ha impregnado del romanticismo de su fuente y ha apostado por un clasicismo estético. Éste es su fuerte, pero también su corsé. Algunos hubiésemos querido ver algo más transgresor quizás, menos académico, apostar por un anacrónismo menos tímido (por ejemplo explotar más la piel tatuada de Vinila, que aquí aparece como un elemento más). En este sentido, su impactante e hiperestilizada factura nos sabe tan fría y perfecta como el cuerpo de su inmortal heroína. Tal vez por eso el libro atraiga más al adolescente gótico que fue a buscar el siguiente tomo de Stephenie Meyer, o al fan de Vinila Von Bismark que ya se conoce al dedillo la sesión de Interviú, que al amante de la fotografía artística. Aún así es de aplaudir el compromiso del artista con su visión, al ofrecernos imágenes tan delicadas, sombrías y turbadoras más allá de las modas estéticas y –todo sea dicho- más acá de las comerciales, que gozan de una oportuna racha vampírica.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)