23.1.08

Asco rescatado


Que un escritor sea invitado a abandonar su país, debido a uno de sus libros, es una de las mejores presentaciones que éste puede tener. Es más, el exilio es muchas veces una insigne condena para el artista, y cada literatura nacional debería tener su escriba herético propio, como lo tienen los colombianos con Fernando Vallejo, los franceses con Céline o los austriacos con Thomas Bernhard. Horacio Castellanos Moya se convirtió en prófugo irremediable de El Salvador gracias a esta breve novela, publicada en 1997 y hoy en día libro de culto, que Tusquets ha tenido a bien reeditar luego de varios años de estar agotada la edición de Casiopea (2000). Y la mención de Bernhard no es en vano, ya que El asco no es ni más ni menos que un ejercicio de estilo, en el que Castellanos Moya toma prestada la voz narrativa del austriaco como si se tratara de una motosierra con la que acomete en contra de toda, absolutamente toda, la sociedad salvadoreña.

Precisemos: así como Vargas Llosa recicló las técnicas narrativas de Faulkner para retratar la sociedad peruana, Castellanos Moya se apropia del fraseo compulsivo de Thomas Bernhard, de ese tono que lanza palabras como escupitajos de bilis y náusea, de esa visión exasperada e inmisericorde hacia sus semejantes, para demoler su edificio nacional y dejar al descubierto sus vicios. ¿Qué mejor forma de retratar a un país cimentado en la violencia que utilizando uno de los discursos más explosivos del siglo XX? Pero eso no es todo. Si en Bernhard el resultado era una visión descreída y brutal, sin compasión ni esperanza, sobre Austria y el ser humano, el mundo que crea Castellanos Moya añade una pizca de novela picaresca a su veneno, dando como resultado un concierto disonante de horrores y bufonadas.

La novela, que se lee de un tirón y fue escrita también en arrebato de un mes, narra la historia de Moya, un intelectual asentado en Canadá que se ve obligado a regresar a su país natal luego de la muerte de su madre, regreso que se torna en una caída a la tierra de sus fobias y cuyos pormenores se dedica a relatar, o mejor diríamos vomitar, a su amigo Vega, en un desaforado y febril monólogo de cantina.

Celebramos pues esta reedición, que ayudará a conocer mejor en España a uno de los escritores latinoamericanos más interesantes de los últimos años. Para quienes se enganchen a él, les recomiendo continuar con su igualmente genial Insensatez (2005), publicada también en Tusquets.

(publicado originalmente en Mau Mau Underground)