31.3.08

Snuff Jazz


Este año, los exquisitos Caprichos de Apolo cerraron su programación con una lección nada ortodoxa de jazz. Para comenzar, Ingebrigt Håker Flaten Quintet calentaron la noche con una serie de diapositivas sonoras en las que se alternaban distintas vertientes del género; su recital fue como un cadáver exquisito en el que se sucedieron ejercicios de estilo clásicos, como el bop ó el cool, con otros de avanzada como el free jazz o el jazz-funk, siempre aderezados con arreglos que podían sonar a veces a Paganini (¿un homenaje al ciclo huésped?) y en otros momentos a Jimmy Hendrix. Así, era fácil cerrar los ojos e imaginarse una sucesión de postales vintage con sus correspondientes alusiones: Monk, Coleman, Coltrane, Braxton, Davis, etc., traspasados por la vigorosa tónica sonora de un quinteto cuyo ecléctico oficio musical abrazó con soltura la atonalidad, el ruidismo digital o los paisajes cinematográficos (remembranzas de Tarantino y Peckinpah sugeridas).

Luego de esta inmersión en la caja negra de referencias que recorrió nuestra parte favorita de la historia del jazz, estábamos preparados para asimilar mejor uno de los actos más radicales de este estilo musical: Lean Left, banda compuesta por Ken Vandermark (saxo tenor, clarinete), Paal Nilssen-Love (percusión) y los guitarristas de la banda noruega The Ex, Terrie Ex y Andy Moor. Desde el primer tema, Lean Left dejó claro que lo suyo no era la recopilación museística sino la demolición y el incendio; como si las eruditas invocaciones de la banda anterior se hubieran quedado flotando en el ambiente sólo para ser víctimas de un concierto snuff.

Su actuación comenzó con un dúo furioso de guitarras eléctricas, en los que a veces parecían enfrentarse entre ellas como bestias jurásicas y otras ensañarse juntas en el desmembramiento de algún fantasma (invisible para todos menos para Terrie Ex, quien lo miraba fijamente en el suelo mientras descargaba contra él hachazos de acordes chirriantes, producidos sea con la típica uña o con baquetas, toallas, ganchos de ropa o cualquier objeto que le sirva de instrumento de tortura). Y si la obertura fue brutal, lo que siguió fue puro crescendo. El segundo acto fue otro dúo, de no menor abrasividad, entre el clamor frenético soplado por Vandermark y la implacable cabalgata polirítmica de Nilssen-Love. Más tarde, ya todos coludidos, continuarían con su ritual de virtuosa disonancia, dando fragor a lo que para este servidor sería uno de los puntos máximos de maestría y tábula rasa instrumental que ha tenido la suerte (y el capricho) de testificar.
(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

23.3.08

(R)Evolution Rock


Siempre es una pena y una suerte estar en un concierto de un grupo importante al que asisten sólo de un puñado de oyentes: el veneno de la sala casi vacía contrarrestado por la exclusiva cercanía de los artistas. Eso pasó la noche en que los Mekons tocaron en la [2]; el pequeño local no pudo ocultar su esmirriada convocatoria, más extraña aún cuando la mitad de los asistentes superaba los cuarenta años y nadie tenía mucha pinta rockera. ¿Qué puede significar que cualquier vagón del metro tenga más punkis ataviados que el concierto de uno de los más puros representantes del pedigrí post-punk británico? ¿Posturismo al descubierto? ¿Analfabetismo musical? ¿Simple recesión económica? La razón, cualquiera que fuese, no pudo opacar el imponente despliegue musical de un grupo que hace mucho dejó atrás su bandera de amateurs y está hoy en día en pleno dominio de sus poderes.

Y es que hablar de los Mekons es hablar de un grupo que tuvo la integridad suficiente para no seguir fingiendo que aún no sabían tocar, y derribar los barrotes de su inicial grito punk para salir a explorar fusiones con otros géneros como el reggae, country y, principalmente, el folk. En ese sentido, se han mantenido más fieles al espíritu que al método del movimiento que los sacó a la luz. Porque el encasillamiento sólo sirve a las compañías discográficas y a los reponedores mal pagados de las tiendas de discos, y una banda que se forjó en un ambiente de cooperativismo no tiene un ego fuerte que defender. Gracias a eso, han podido forjar una obra más continua y estilísticamente enriquecida que sus hermanastros Gang of Four y Delta 5.

Sobre el escenario, los Mekons demostraron que pese a su madurez (musical y cronológica) aún tienen carisma y se saben divertir. El show estuvo encabezado por Jon Langford, guitarrista y cantante fundador del grupo, y por la Sally Timms, a cargo de las vocales femeninas. Ambos muy cómodos en su papel de anfitriones, a lo que seguramente contribuyó la intimidad del recital. El tercer protagonista de la noche fue sin duda el saz eléctrico de Robert "Lu" Edmonds, instrumento de origen turco un que en las manos, los pies y los pedales de Edmonds servía más a la mística folk rock que a sus acentos originarios. Cockermouth, Fantastic Voyage, Perfect Mirror y Big Zombie fueron algunos de los hitos del repertorio, que onduló entre el hard rock clásico y el folk oscuro cercano a unos Espers o Black Heart Processión.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

El canto del hollín


Supongo no fui el único que, al ver a Fabrizio Modonese Palumbo, a.k.a. (r), subirse al escenario con su guitarra, imaginó un preámbulo lleno de informe y dolorosa distorsión, como capas de metal sónico recién salidas del horno. Magno error, totalmente atribuible, claro, a nuestros prejuicios, a su cabeza rapada y a su larga y afilada barba. Para mi sorpresa, tras esa apariencia de rudo motero, el músico de Larsen, XXL y Blind Cave Salamander destiló de sus dedos y de su instrumento un ambient delicado y paisajista, lleno de reverberaciones que se internaron con suaves trazos en el ecran privado de nuestras mentes. Música de luces apagadas y hondo letargo (a la que, si algo hay que objetar, son las voces incrustadas) configuran pues el proyecto en solitario de este incansable Modonese, quien además de integrar los grupos mencionados, ha colaborado con un extensa lista de creadores que incluyen a Current 93, Matmos, Xiu Xiu, Baby Dee, Damo Suzuki, Akron/Family, Nurse With Wound, Jarboe, Lydia Lunch, My Cat Is An Alien, Fovea Hex y por supuesto Michael Gira.

El efecto dejado no podía ser otro que íntima anestesia. Muy apropiada para prevenir la aparición de Michael Gira, el hombre detrás de Swans, uno de los grupos más espiritualmente devastadores que salieron de los ochenta, y del más apacible pero no menos tenebroso -y paradójicamente bautizado- Angels of light. Y es que no hay muchos músicos capaces de erizarnos la piel con sólo su guitarra acústica y su voz de crooner. A su lado, Leonard Cohen parece un trovador de bubblegum pop y Nick Cave un baladista desahuciado por la diabetes. Para superar a nuestros máximos héroes de la depresión, la música de Michael Gira se vale sólo de sus acordes, repetitivos e hipnóticos, de su voz cavernosa, que parece entonar canciones de cuna a la caída y el apocalipsis, y de unas letras bruñidas como ónix (un acompañamiento perfecto para un libro como The Road, de McCarthy). Temas de su larga trayectoria como All lined up, Love will save you, Blind, Rose of Los Angeles, etc., implosionaron entre la reducida audiencia como presagios de luto interior. En definitiva, el recital fue un buen baño de ceniza para nuestra ritualista felicidad, y para hacerle justicia, cuando en un momento Gira preguntó cómo estábamos, debimos haber contestado con un agradecido “mal”. Abajo, el primero de los seis extractos tubeados.



(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

Femineidad Fatal


Tengo que confesarlo, soy un lego en cuestiones de neo feminismo y ni siquiera conozco la obra literaria de Virginie Despentes (aunque sí formo parte de esa minoría que admira su película Fóllame), pero eso no fue inconveniente para acercarme a su último libro, Teoría King Kong (2006), una mezcla de ensayo, testimonio y manifiesto punk sobre pornografía, prostitución y violación que no pudo encontrar mejor traductora al castellano que a Beatriz Preciado, la autora del sedicioso Manifiesto contra-sexual (2002), para la editorial Melusina.

Y lo primero que quiero destacar es justamente el espíritu punkarra del libro, no sólo por la crudeza de sus declaraciones, si no porque escapa de todo léxico académico y se apropia valientemente de la primera persona sin dejar de lado la fundamentación teórica. Despentes no es dueña de una prosa que sabe noquear, además es una intelectual de primera línea y alguien cuya biografía está conectada, más allá de los libros, con los tres temas mencionados. Punki violada, luego puta y más tarde afiliada al cine porno, nadie mejor que ella para denunciar personal y filosóficamente la batalla perdida que aún significa nacer mujer.

Como ensayo confesional, apela menos al corpus bibliográfico que a la propia experiencia; es especialmente estremecedor en el capítulo de la violación, revelador en los del porno y la prostitución, y desgraciadamente laxo en el de la teoría King Kong, que pese a condensar la unidad del libro no logra cerrarlo con la contundencia esperada.

Aún así, se trata de una lectura muy provocadora, tanto estilística como conceptualmente. Las ideas que propone pueden no ser nuevas, pero están fundamentadas en las propias cicatrices que describen con furia e inteligencia la trampa en la que tanto hombres y mujeres estamos atrapados, cuyos orígenes no están en uno u otro bando genérico, si no en los dictados del poder. Un libro excelente para asimilar (al ritmo de Lydia Lunch o Bikini Kill) ideas gritadas con estilo y meditación. El mejor regalo para la amiga kuki-flower o el colega maromo que por desgracia nunca faltan.

(Originalmente publicado en Mau Mau Underground)

19.2.08

Eclipse de arcángeles empantanados


Una de las noches más exquisitas y extrañas del ciclo de conciertos Caprichos de Apolo abrió con Fovea Hex, el último proyecto musical de la irlandesa Clodagh Simonds, cuya larga trayectoria en los límites más pantanosos del sonido experimental ha transcurrido, desde su adolescencia sesentera en la psicodélica Mellow Candle, con enfocada y brillante parquedad. Eso sí, siempre se ha rodeado de un selecto grupo de exploradores musicales, como Current 93 y Matmos, y en especial en este proyecto colectivo ha albergado a luminarias como Brian y Roger Eno, Robert Fripp, Carter Burwell, Colin Potter, etc. El resultado es Neither Speak Nor Remain Silent, una trilogía de EPs (Bloom, Huge y el recientemente publicado Allure) que bien podrían escucharse como a tres sirenas de pedrería cantando desde una caverna agreste.

Acompañada por la voz y el acordeón de Laura Sheeran, el violín de Cora Venus Lunny, la cellista Julia Kent (Anthony and the Johnsons) y las manipulaciones digitales de Michael Begg, Simonds irradió desde el escenario sus velos de ambient proteico, denso pero cristalino, ese folk cósmico (pero no solar, si no de agujeros negros) que con la delicadeza de sus coros diamantinos desencadenaba tormentas instrumentales y nos encauzaba con ellas hacia un submundo de lirismo feérico.

La segunda parte de la noche fue menos abismal y más etérea, con el melancólico y dulce noise-dream-pop característico de las dos últimas placas de Pluramon y su celestial protagonista vocal, Julee Cruise. Hay que decir que muchos de los que estábamos en la sala fuimos atraídos el encantamiento musical de David Lynch, cuyos más hermosos discos (Floating Into the Night, The Voice of Love) y bandas sonoras (Twin Peaks, Fire Walk With Me) la tienen a ella de médium. Era una oportunidad para verla e imaginarnos transportados a esas escenas llenas de humo, terciopelo y cañones de luz. La sorpresa fue conocerla no cómo la vaporosa e inmóvil cantante que nos da la bienvenida a otra dimensión, si no como una especie de Alicia en el manicomio, su histrionismo infantil lleno de alucinaciones y movimientos rotos, como una muñeca perdida en el infierno que no deja de sonreír.

Es cierto que la música de Pluramon, cuando no tiene la alquimia purificada de My Bloody Valentine, Cranes y Mazzy Star, es decir, cuando deja en un tercer plano su lado sónico y ruidista, se asemeja mucho a las baladas de Badalamenti/Lynch, por ejemplo en temas como If Time Was on My Side o Can’t Dissapear, de su última placa, Monstrous Surplus (2007). Pero también es cierto que a veces adaptan éstas canciones, más próximas al jazz y al new age, a su refinada electrónica shoegaze. Gracias a eso, pudimos disfrutar de una versión un poco más crispada de Mysteries of Love, extraída de la banda sonora de Terciopelo azul, para deletite de todos los fanáticos lyncheanos (ver el vídeo abajo y más en youtube).

En fin, fue una noche de armonías, de texturas y emociones perfectamente equilibradas, dominadas por una atmósfera de ternura valiente. Una lección de que, aún cuando se asomen a los vórtices más dolorosos de la melancolía, la descarga y la catarsis no son la única forma de intensidad.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

7.2.08

Bienvenidos a la Edad de Oro


4 meses, 3 semas y 2 días. Para comenzar, un título certero, que nos hace pensar en el irremediable y regulado paso del tiempo, con la tensión de una cuenta regresiva, y a la vez no dice de qué se trata. Esto puede sonar caprichoso, o fortuito, pero no nos engañemos; a pesar de la apariencia inmediata, directa, transparente, de esta película, ésta se mueve según un diseño narrativo muy bien fraguado, que deja poco al azar. Ya veremos que lo inexorable, urgente y sugerente no escaseará en el tenso metraje, primero de una serie titulada Relatos de la Edad de Oro.

Ampliamente galardonada, con la Palma de Oro de Cannes como punta de lanza, el segundo largometraje del rumano Cristian Mungiu confirma el talento que ya había sido reconocido en su anterior Occident (2001) y nos descubre una cinematografía emergente y a un cineasta aventajado. De cine rumano hemos oído hablar y visto poco aún, pero desde La muerte del Señor Lazarescu, de Cristi Puiu, también laureada en Cannes, esta ignorancia parece tener los días contados.

4 meses, 3 semanas y 2 días es una película abrasadora, viva, feroz, que no deja indiferentes, no solo por el tema humano y moral que implica, si no también por sus méritos artísticos, por la cantidad de connotaciones e ideas que suscita en su engañosa austeridad narrativa. Su riqueza esta en las varias paradojas o dualidades que dan forma a su estética.

Entre otras cosas, se trata de un drama que no derrama lágrimas, de un thriller criminal sin explosiones de sangre, de una película de mujeres libre de maquillaje melodramático o feminista, de una reconstrucción histórica con el contexto fuera de cuadro, de una historia de supervivencia sin cazadores ni tragedias, de un registro realista y casi documental con una fotografía y un guión que es una pieza de relojería, deudores ambos del mejor cine negro, de un relato tan lleno de elipsis, cortes de bisturí que extirpan el morbo sensacionalista, como de tiempos muertos que rebosan emoción. En conclusión, de una película que logra ser todo esto y más, sin contradecir su radical minimalismo.

La historia se desarrolla en un solo día, en el que Otilia (Anamaría Marinca) acompaña a su compañera de habitación Gabita (Laura Vasiliu) a abortar, práctica que en la Rumanía de 1987, gobernada por Nicolae Ceausescu, era un delito grave. En medio de una sociedad fría y dura, donde el infierno claramente son los otros, la ilegalidad de este acto lleva a los personajes a hundirse más allá de su clandestinidad cotidiana, allí donde el mal que campea bajo todo totalitarismo y prohibicionismo solo conoce víctimas y predadores, apremios y precios abusivos. En este caso es el aborto, pero también podría ser las drogas, la migración o la vivienda (eso aquí lo conocemos bien), y el acierto de Mungiu es tratarlo con ese nivel de abstracción, sin enmarañarse en el dramatismo intrínseco de ese acto y concentrándose más bien en la sordidez de su escenario.

Como contraste a esa oscuridad social y humana, la amistad de Otilia para con su aturdida amiga brilla con una luz casi mesiánica, heroica hasta un nivel de entrega límite. Pese a que puede tratarse de una de las grandes películas sobre la amistad, da la impresión que la protagonista no hace todo sólo por su amiga, si no por solidaridad (en un régimen que prohíbe el aborto y los anticonceptivos) hacia cualquier mujer. Es decir, hacia ella misma. Es generosidad pero también rebelión y supervivencia.

Gracias a su discurso objetivo, distante, económico y metódico, lejos del sermón o la sensiblería, Mungiu logra una ambigüedad rica y pura, consciente que al enmudecer se hace más revelador. Toda una clase maestra.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

26.1.08

El arte de la moto


Despues de ver cómo juguetes, ropa, lámparas, etc., se infiltran -postureo mediante- en las galerías de arte, ya era hora que éstas den paso a los uno de los artefactos con más estilo creados por el hombre: las motocicletas. A Ballard le hubiera encantado. Nada de metáforas u homenajes o cualquiera de las carreteras de sentido conocidas por las obras de arte. Esto es casi porno. Esplendor del metal que no alude a nada más que a sí mismo: libertad, fuerza, peligro, velocidad. Es casi como ir a ver tigres en un zoológico o mujeres en el barrio rojo. Caminar entre estas bestias dormidas fue una experiencia fascinante, donde se conjugaban de manera excelsa ciencia, diseño y pasión. Declaro mi admiración al artista, el laurerado Ferry Clot, doce de cuyas mejores creaciones conforman esta muestra, que es preciso visitar en la galería Gómez Turu (Consell de Cent 325, BCN). La de la foto es mi favorita y se llama La Holynes (2005): "agujeros que sorprenden bajo la mirada de Dios".
Visitad la web de Hot Dreams, la empresa de Clot, y mientras tanto acompañaos con este maravilloso tema (lleno de humo, ruido, esquirlas y tierno a la vez), Till the Bitter End, del último disco de The Magnetic Fields.


boomp3.com

23.1.08

Asco rescatado


Que un escritor sea invitado a abandonar su país, debido a uno de sus libros, es una de las mejores presentaciones que éste puede tener. Es más, el exilio es muchas veces una insigne condena para el artista, y cada literatura nacional debería tener su escriba herético propio, como lo tienen los colombianos con Fernando Vallejo, los franceses con Céline o los austriacos con Thomas Bernhard. Horacio Castellanos Moya se convirtió en prófugo irremediable de El Salvador gracias a esta breve novela, publicada en 1997 y hoy en día libro de culto, que Tusquets ha tenido a bien reeditar luego de varios años de estar agotada la edición de Casiopea (2000). Y la mención de Bernhard no es en vano, ya que El asco no es ni más ni menos que un ejercicio de estilo, en el que Castellanos Moya toma prestada la voz narrativa del austriaco como si se tratara de una motosierra con la que acomete en contra de toda, absolutamente toda, la sociedad salvadoreña.

Precisemos: así como Vargas Llosa recicló las técnicas narrativas de Faulkner para retratar la sociedad peruana, Castellanos Moya se apropia del fraseo compulsivo de Thomas Bernhard, de ese tono que lanza palabras como escupitajos de bilis y náusea, de esa visión exasperada e inmisericorde hacia sus semejantes, para demoler su edificio nacional y dejar al descubierto sus vicios. ¿Qué mejor forma de retratar a un país cimentado en la violencia que utilizando uno de los discursos más explosivos del siglo XX? Pero eso no es todo. Si en Bernhard el resultado era una visión descreída y brutal, sin compasión ni esperanza, sobre Austria y el ser humano, el mundo que crea Castellanos Moya añade una pizca de novela picaresca a su veneno, dando como resultado un concierto disonante de horrores y bufonadas.

La novela, que se lee de un tirón y fue escrita también en arrebato de un mes, narra la historia de Moya, un intelectual asentado en Canadá que se ve obligado a regresar a su país natal luego de la muerte de su madre, regreso que se torna en una caída a la tierra de sus fobias y cuyos pormenores se dedica a relatar, o mejor diríamos vomitar, a su amigo Vega, en un desaforado y febril monólogo de cantina.

Celebramos pues esta reedición, que ayudará a conocer mejor en España a uno de los escritores latinoamericanos más interesantes de los últimos años. Para quienes se enganchen a él, les recomiendo continuar con su igualmente genial Insensatez (2005), publicada también en Tusquets.

(publicado originalmente en Mau Mau Underground)

12.1.08

¡Que quilombo!


Todos sabemos que un gran concierto necesita una gran antesala, y en eso no podía fallar Soda Stereo, que dejó las megapantallas de su gira de reunión en manos del genial Diego Capussotto, el creador del programa argentino Peter Capussotto y sus vídeos. Entre todas las cosas que me gustan de Argentina no puede faltar el humor, y los sketchs cómicos de este programa son de lo mejor que he visto, sobre todo cuando sus keywords son: absurdo, surrealismo, pop, macarrismo escatológico y mucho mucho rock. Os dejo unas muestras y os invito a navegar por más.





1.12.07

Nouveau Dance Rock? Qu'est-ce que ça?

Esta noche hare una sesión de lo que, luego de una intensa investigación melómana, me he atrevido a llamar nouveau dance rock, en un nuevo bar del centro de Lima. Sonarán The Presets, Dave Gahan, Gossip, The Whip, Pop Levi, Arcade Fire, Kap Bambino, You say Party! We Say Die!, How I Became a Bomb, entre otros. Además de mezclar, bailaré y beberé al mismo tiempo; toda una proeza para la que me he venido capacitando en España. Ojala los del local no sean tan tacaños como me han dicho y se pongan unas chelas. Nos vemos.

8.11.07

"El penoso contraespectáculo de las cosas que dejan de ser "


No me queda otra opción que la de aunarme a la avalancha de elogios que ha recibido The Road, la última novela de Cormac McCarthy. Se trata de la primera novela de él que leo, y ya estoy con ansia de hacerme con otros títulos de su obra, comenzando con Blood Meridian y Sutree. No pasa mucho en la historia, pero es suspenso es sostenido; el cromatismo de las descripciones es quizás el más pobre de la literatura: negro carbón, gris ceniza, rojo sangre, y al mismo tiempo se trata de una de las atmósferas más logradas que he leído. Una historia minimalista, repetitiva, fragmentada, narrada con un lenguaje riquísimo, como si las palabras más sombrías del inglés se reunieran para fosilizar la imagen de un planeta yermo. Luego de la destrucción última, la brutalidad de los elementos y la de los pocos sobrevivientes contrasta con la aterrorizada ternura del padre e hijo protagonistas, cuyas conversaciones, tan quebrantadas como las ruinas por las que transitan, guardan aún calor. Jamas la palabra okey significó tantas cosas como en esos diálogos, alimentados por la promesa y la desesperación.
Para curiosos, os dejo este link a un documental sobre este misterioso escritor.

7.11.07

La hoja negra dentro de la boca


Magnífico título para un no menos soberbio poemario. Su autor, Ki Hyoung-Do (1960-1989), fue un joven poeta surcoreano cuya obra desde un principio llamó la atención de público y crítica por su fuerza y novedad y, sobre todo a partir de la década de los noventa, ha ido cobrando cada vez más importancia, introduciéndose incluso en los libros de escuela como lectura obligatoria.
Versos donde lo cotidiano y urbano se entrelaza con las imágenes de la naturaleza y con las emociones, como si se tratara de una madeja podrida. La poesía de Ki Hyoung-Do esta dominada por una permanente lluvia sucia y en un otoño enfermo. Sus personajes comparten este decaer con gestos de lenta derrota, sin más filosofía que la resignación y la entrega total a la decrepitud moral y vital que los rodea, sea en una ciudad ennegrecida por el hollín de las fábricas, en las escuelas donde la vida empieza a emponzoñarse, en las oficinas burocráticas donde las últimas gotas del llanto se pierden sordas, o simplemente en un bosque muerto. Otoño e invierno son las únicas estaciones que se suceden, telón de fondo de las breves e hirientes descripciones poéticas de personajes y situaciones que el autor recrea, compaginando el presente estéril y sin esperanzas en que vive con sus recuerdos de infancia. El romanticismo juvenil desde el que Hyoung-Do mira su mundo no mendiga nada, sólo se muerde los dientes y acepta.
La corta trayectoria literaria de Hyoung-Do tuvo más suerte que su labor periodística, presa de la censura política de su tiempo, y sólo ha conocido una creciente admiración dentro y fuera de Corea. Su muerte, pocos días antes de llegar a los 29 años, no deja atrás la belleza de su obra y es una que ya muchos artistas quisieran si pudieran elegir: a medianoche, sentado en una butaca de cine, las manos súbitas de un tumor cerebral. ¿Qué película habrá estado viendo?
Como muestra os dejo un fragmento del poema Luna de papel:

5.
Solo es bello lo que produce sonido.
Porque solamente el sonido es nuevo siempre,
porque morir es fácil.

Porque sólo el sonido anda con sus propios pies
como quien anda con zapatos reparados.

Pero, ¿qué vamos a reservar? Todas las habitaciones están ocupadas,

[o todas están vacías.

Sólo la indiferencia nos deja descansar,
no es preciso recordar nada más.

El pasado se acabó. El placer también:
es como una costumbre. Al arreglar la corbata

verifica la altura dentro del espejo y se siente seguro;
es que somos solteros.
Al contemplar la luna que asciende con rapidez, silbando,
el valor de cada cual resuena en su interior,

tú nunca has hablado honestamente,
ni una sola vez. Por favor,

déjalo ya. Para ti ya vomité
todo lo que yo podía devolver.
Además,
nada ha quedado claro;
hoy queda poco aún. Por tanto:
Good-bye.

30.9.07

Más desenfreno sentimental


Qué bueno es saber que mi grupo (en activo) de rock argentino favorito, El Otro Yo, ha vuelto a recuperar sus bríos luego del descorazonador Espejismos (2004). Fuera del tiempo (2007), su nueva placa, vuelve a plagarse de geniales estribillos naif , esta vez con una energía instrumental cada vez más perfeccionada. Vuelve ese estilo demasiado inocente, demasiado desgarrado, demasiado idealista, demasiado libertino, demasiado eufórico, demasiado sensible... todo empacado en un power-rock-casi-new-metal que nunca ha sonado mejor (contaron esta vez con Billy Anderson, el productor de Melvins). Realmente es una de las bandas que te mete en un túnel del tiempo y te transporta al esplendor de la aciaga adolescencia, en un trance incontrolable que empuja al pogo a la vez que a cantar con el corazón. Os dejo un playlist con algunas canciones en vivo del repertorio nuevo.


19.9.07

Radio Mujer Perdida

Nunca he sido un chico de la radio. Será porque en Perú este medio es sencillamente malsano, letal para cualquiera que tenga un mínimo gusto musical. Pero ahora, con internet, las posibilidades se multiplican, al punto que puedes escuchar programas no solo de cualquier estilo, si no sobre todo emitidos en cualquier lugar y tiempo. Así las cosas, tal vez aún pueda desarrollar un hábito de radioescucha.

Hace un tiempo, por ejemplo, descubrí el genial proyecto Pandora, que te programaba canciones similares al artista o canción que le indicaras. Los resultados, aunque aceptables, no eran perfectos y por lo mismo llenos de interesantes sorpresas. Lamentablemente, las alimañas que suelen dictar las leyes cerraron el proyecto a oyentes fuera de E.E.U.U.

La falta de costumbre mencionada me ha mantenido apartado de mayores exploraciones, pero ayer me topé con el programa que conduce desde Berlín Gudrun Gut, y lo recomiendo a todos los amantes de la electrónica de luces tenues y cadencias reposadas. Quienes hayan escuchado la música de Gut, podrán imaginarse el estilo del programa; y quienes no, los insto a apagar las luces y escuchar Ocean Club Radio (de preferencia con el playlist abierto, para apuntar nombres).

Gudrun Gut es una mujer sumamente interesante. Su último disco se titula I put a record on y copio aquí una reseña-ejercicio literario inédito que escribí para la extinta Autobús.

Antes de saber que Gudrun Gut fue miembro de bandas ochenteras como Mania D, los primeros Einstürzende Neubauten, y los conjuntos femeninos Malaria! (excelente post punk a los Siouxie & The Banshees) y Matador (electro pop arty); y sin saber tampoco que es fundadora del colectivo Oceanclub, los sellos Monika Enterprise y Moabit Musik, además de DJ, ingeniera de sonido, productora y programadora, antes de saber nada de eso, repito, me enteré de su existencia gracias a un breve artículo sobre su disco debut, I Put a Record On (2007), del que sólo recuerdo las palabras oscuridad, electrónica, eclecticismo, ochentas y (para mejor remate) mujer, suficientes ganchos como para seguirla en la madeja musical de MySpace y llegar via Emule a este delicado artefacto de dark pop (más cercana a lo que hacía con Matador), electrónica fría y sensual proveniente de un limbo fashion, donde se baila en cámara lenta o se deja escapar el humo de la boca mirando seductoramente a la nada, todo envuelto en una ecualización retro, que se queda en los medios tonos, desinflando los bajos y desenfocando los agudos, lo que le da el ambiente de un vinilo antiguo, lleno de polvo u hollín, como sacado de una escena de Eraserhead donde una víbora susurra melodías de vodevil desde el radiador, una Diethrich subterránea, de gélida belleza alemana, cuyas vocales fantasmales se perfilan entre humaredas sintetizadas, cantando siempre con el último suspiro, con una languidez impasible, con la intimidad nocturna de una voz allanada por el tabaco, al ritmo de una polka mutante (Move Me), desenredándose en reflejos dub (Sweet, The Wheel) o zambulléndose en el delicado miasma de extrañas combinaciones como el boogie noise (Blätterwald) y el trip-hop country (Pleasuretrain), siempre citando, pero siempre también erosionándolo todo con una tormenta arenosa de techno minimal, repetitivo pero sugerente, implosivo más que exultante, canciones que son paneles de seda apolillada sobre los que se transparenta la silueta de esta ex punk erudita, de esta Venus de clubes suburbanos, cuya formula de elegancia, nostalgia, y pop postmoderno es el soundtrack perfecto para las noches hipnóticas y voluptuosas del nuevo invierno.

14.9.07

Una sucia trinidad

Desde que los vi por primera vez en concierto, sin conocerlos antes, los Dirty Three me arrebataron. Bajo ningún motivo uno debe perdérselos, si no quiere perderse uno de los directos más líricos y torrenciales de nuestra era. Warren Ellis (violín eléctrico), Mick Turner (guitarra eléctrica) y Jim White (batería) hacen una música que es como si destilaras un concentrado de Neil Young & Crazy Horse, Mogwai y el último Coltrane. Es decir, puro flujo country post-rock noise jazzeado. Para muestra, un extracto de su actuación en el Primavera Sound de este año.

James

No creo arriesgarme mucho si proclamo ya que mi mejor concierto de este año fue el de los reunidos James en el Summercase. Y como no serlo, si se trató de un Best of... en vivo (la única canción nueva no la tocaron porque se perdió el papel con la letra). Ya había visto a Tim Booth antes (de hecho fue el primer concierto al que fui cuando llegué a Barcelona) y gocé con la mitad del repertorio compuesta por los hits de su clásica banda. Pero esta vez fue demasiado. Las canciones que te pueden hacer llorar... el vocalista que baila en el éxtasis que tu sientes y quisieras imitar... la gente tan feliz como tu, cantando, a tu alrededor ... y lo más sorprendente es que todo lo viví excepcionalmente sobrio... En fin, aquí tenéis mi playlist, y perdón por el sonido (no se os ocurra que fue así), pero es uno de los gajes de estar demasiado cerca.

5.9.07

Death Proof vs. Icaria


Qué buena suerte el haber escogido, entre lás únicas dos salas de Barcelona que pasan Death Proof en V.O., una de las peores de toda la ciudad. Primero, porque una película de Tarantino doblada no es ni media película de Tarantino; y segundo, porque una sala con tan mala fama como el Yelmo Cineplex Icaria, a priori, es la mejor aliada que el proyecto Grindhouse puede tener.
A posteriori, tendré que verla de nuevo (qué bueno) para ver si de verdad la sala aportó alguna bienvenida calamidad. A los que tambien repetirán el plato, como intermezzo (no se qué me pasa hoy con los extranjerismos) les recomiendo este artículo de Henrique Llage.

3.9.07

La novia solista: PJ Harvey en Summercase 07

A pedido del público, coloco aquí los vídeos que grabé de PJ Harvey en el pasado Summercase. Un recital intimista, a carpa cubierta y artista cubiertísima. Sólo Polly Jean y sus instrumentos, sin banda que la secundara, interpretando hits y nuevos temas con una desnudez que no traicionaba en nada a sus grabaciones. Esperábamos algo más salvaje, pero su voz nos aplacó.

1.9.07

Una canción que perdura

Llevo meses escuchando, de manera súbita y inconsciente, esta canción de Spoon, que aunque fue una obsesión a primera escucha, persiste como el fantasma sobre el que cantan las dos voces estereofónicamente. Ga ga ga ga ga, el disco de donde proviene este espinoso clamor, no esta nada mal, sobre todo lo que sería su lado A: pop rock de efectos a corto y largo plazo, dentro del cual The Ghost of You Lingers, con su humilde experimentalismo, es una anomalía maravillosa, su pequeña dosis de genialidad. Acabo de hallar el vídeo, que no desmerece en nada a la canción.


Otros fanatismos recientes son Mario Levrero, de quien desde la primera lectura he sido fan, pero ahora me descontrolo llamando a todos sus libros a mi; e Isild Le Besco, actriz francesa a quien descubrí en el trailer de la aún inhallable Camping Sauvage y casualmente vi esta semana en la hermosa y muy retro A tout de suite. Les dejo aquí también una muestra adictiva.


14.5.07

Ponerse al día


No he tenido tiempo o atención para actualizar el blog,ya lo sé, y el saberlo va cada día aumentando la culpa y disminuyendo las ganas de hacerlo. Por eso, me limitaré a lanzar unas frases al vuelo sobre lo más interesante que me ha ido pasando en estos dos últimos meses.

1. El peso del aire, de A.G. Porta. Leí con entusiasmo la novela de este narrador catalán, cuya calidad literaria es diametralmente opuesta a su presencia mediática. No se puede evitar sentir la suerte de toparse con uno de los más lucidos prosistas (cataleanes) del castellano, cuyo estilo límpido en este libro se aboca a rastrear como un radar los ecos emocionales de un crimen en el entorno del asesinado. Radiografía de la burguesía nativa barcelonesa en un circunstancial envoltorio de novela criminal cuyo final, al apegarse al género, deja un sinsabor muy perdonable. Les recomiendo más aún su última novela, Concierto del No Mundo, unas de las más ambiciosas creaciones literarias españolas en cuanto a lo conceptual. Y para acercarse un poco más al autor, esta buena entrevista.

2. Haruki Murakami. Todo tiene su lugar y su tiempo, y me llegó la mejor hora de leer a este escritor japonés que desafía de una manera súper sexy, con un mundo y un estilo personalísimo, al realismo narrativo imperante. Lo más grande de él es, a mi parecer, la colosal Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, seguida por Kafka en la playa. Me gusta más este Murakami místico-surreal que el más moderado e intimista de Tokyo Blues. Ahora me espera en el librero Hard Boiled-Wonderland and the End of the World, una novela anterior, no traducida al castellano, que según he leído es importante en la evolución de este maestro. Sin duda, su obra es la lectura más reveladora e impactante a todo nivel que he tenido hace muchos años.

3. Primavera Sound. Muy largo escribir una crónica de este festival. Ya lo haré luego para una revista peruana. Pero por ahora recomiendo escuchar cuanto antes descubrimientos como Battles, Beirut, Bonde Do Role, Malajube, Hot Chip, Justice y Shannon Wright.

4. Summercase. Este fin de semana pienso dejarme llevar por toda la energía de este macro festival concentrado, que tiene grandes nombres de respaldo pero, a diferencia del Primavera Sound, pocas bandas interesantes a descubrir de segunda o tercera división, colapsado como esta por un pop rock desnatado. Aún así fliparé con viejas glorias como James, The Jesus & Mary Chain, PJ Harvey, OMD, Chemical Brithers (cuyo último disco esta buenísimo); con nuevos clásicos como Arcade Fire; y con nuevos descubrimientos importantes como Electrelane (foto), una banda de chicas guapas capaz de hacerle morder el polvo a Yo La Tengo y Sonic Youth.