Eclipse de arcángeles empantanados
Acompañada por la voz y el acordeón de Laura Sheeran, el violín de Cora Venus Lunny, la cellista Julia Kent (Anthony and the Johnsons) y las manipulaciones digitales de Michael Begg, Simonds irradió desde el escenario sus velos de ambient proteico, denso pero cristalino, ese folk cósmico (pero no solar, si no de agujeros negros) que con la delicadeza de sus coros diamantinos desencadenaba tormentas instrumentales y nos encauzaba con ellas hacia un submundo de lirismo feérico.
La segunda parte de la noche fue menos abismal y más etérea, con el melancólico y dulce noise-dream-pop característico de las dos últimas placas de Pluramon y su celestial protagonista vocal, Julee Cruise. Hay que decir que muchos de los que estábamos en la sala fuimos atraídos el encantamiento musical de David Lynch, cuyos más hermosos discos (Floating Into the Night, The Voice of Love) y bandas sonoras (Twin Peaks, Fire Walk With Me) la tienen a ella de médium. Era una oportunidad para verla e imaginarnos transportados a esas escenas llenas de humo, terciopelo y cañones de luz. La sorpresa fue conocerla no cómo la vaporosa e inmóvil cantante que nos da la bienvenida a otra dimensión, si no como una especie de Alicia en el manicomio, su histrionismo infantil lleno de alucinaciones y movimientos rotos, como una muñeca perdida en el infierno que no deja de sonreír.
Es cierto que la música de Pluramon, cuando no tiene la alquimia purificada de My Bloody Valentine, Cranes y Mazzy Star, es decir, cuando deja en un tercer plano su lado sónico y ruidista, se asemeja mucho a las baladas de Badalamenti/Lynch, por ejemplo en temas como If Time Was on My Side o Can’t Dissapear, de su última placa, Monstrous Surplus (2007). Pero también es cierto que a veces adaptan éstas canciones, más próximas al jazz y al new age, a su refinada electrónica shoegaze. Gracias a eso, pudimos disfrutar de una versión un poco más crispada de Mysteries of Love, extraída de la banda sonora de Terciopelo azul, para deletite de todos los fanáticos lyncheanos (ver el vídeo abajo y más en youtube).
En fin, fue una noche de armonías, de texturas y emociones perfectamente equilibradas, dominadas por una atmósfera de ternura valiente. Una lección de que, aún cuando se asomen a los vórtices más dolorosos de la melancolía, la descarga y la catarsis no son la única forma de intensidad.
(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)













