Una de las noches más exquisitas y extrañas del ciclo de conciertos
Caprichos de Apolo abrió con
Fovea Hex, el último proyecto musical de la irlandesa
Clodagh Simonds, cuya larga trayectoria en los límites más pantanosos del sonido experimental ha transcurrido, desde su adolescencia sesentera en la psicodélica
Mellow Candle, con enfocada y brillante parquedad. Eso sí, siempre se ha rodeado de un selecto grupo de exploradores musicales, como
Current 93 y
Matmos, y en especial en este proyecto colectivo ha albergado a luminarias como
Brian y
Roger Eno,
Robert Fripp,
Carter Burwell,
Colin Potter, etc. El resultado es
Neither Speak Nor Remain Silent, una trilogía de EPs (
Bloom,
Huge y el recientemente publicado
Allure) que bien podrían escucharse como a tres sirenas de pedrería cantando desde una caverna agreste.
Acompañada por la voz y el acordeón de
Laura Sheeran, el violín de
Cora Venus Lunny, la cellista
Julia Kent (
Anthony and the Johnsons) y las manipulaciones digitales de
Michael Begg,
Simonds irradió desde el escenario sus velos de ambient proteico, denso pero cristalino, ese folk cósmico (pero no solar, si no de agujeros negros) que con la delicadeza de sus coros diamantinos desencadenaba tormentas instrumentales y nos encauzaba con ellas hacia un submundo de lirismo feérico.
La segunda parte de la noche fue menos abismal y más etérea, con el melancólico y dulce noise-dream-pop característico de las dos últimas placas de
Pluramon y su celestial protagonista vocal,
Julee Cruise. Hay que decir que muchos de los que estábamos en la sala fuimos atraídos el encantamiento musical de
David Lynch, cuyos más hermosos discos (
Floating Into the Night,
The Voice of Love) y bandas sonoras (
Twin Peaks,
Fire Walk With Me) la tienen a ella de médium. Era una oportunidad para verla e imaginarnos transportados a esas escenas llenas de humo, terciopelo y cañones de luz. La sorpresa fue conocerla no cómo la vaporosa e inmóvil cantante que nos da la bienvenida a otra dimensión, si no como una especie de Alicia en el manicomio, su histrionismo infantil lleno de alucinaciones y movimientos rotos, como una muñeca perdida en el infierno que no deja de sonreír.
Es cierto que la música de
Pluramon, cuando no tiene la alquimia purificada de
My Bloody Valentine,
Cranes y
Mazzy Star, es decir, cuando deja en un tercer plano su lado sónico y ruidista, se asemeja mucho a las baladas de
Badalamenti/
Lynch, por ejemplo en temas como
If Time Was on My Side o
Can’t Dissapear, de su última placa,
Monstrous Surplus (2007). Pero también es cierto que a veces adaptan éstas canciones, más próximas al jazz y al new age, a su refinada electrónica shoegaze. Gracias a eso, pudimos disfrutar de una versión un poco más crispada de
Mysteries of Love, extraída de la banda sonora de
Terciopelo azul, para deletite de todos los fanáticos lyncheanos (ver el vídeo abajo y
más en youtube).
En fin, fue una noche de armonías, de texturas y emociones perfectamente equilibradas, dominadas por una atmósfera de ternura valiente. Una lección de que, aún cuando se asomen a los vórtices más dolorosos de la melancolía, la descarga y la catarsis no son la única forma de intensidad.